La manifestación contra la LOU menos secundada hasta el momento varió su ruta para hacerse oír en el pazo do Hórreo Eran muchos menos que hace una semana, pero hicieron ruido, gritaron y caminaron como nunca. Los cuatro mil jóvenes que ayer se manifestaron por sexto miércoles consecutivo no tuvieron los apoyos de anteriores movilizaciones y acusaron el impasse de la concentración de Madrid, que algunos pensaron que iba a significar un antes y un después. El caso es que la ley sigue su curso sin despeinarse y los actos de protesta se van pariendo a trompicones. Como novedad, los estudiantes decidieron variar su ruta habitual y optaron por hacer una parada técnica delante del Parlamento. Nadie salió a saludarlos.
05 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.La convocatoria era a las 12, como siempre, pero esta vez no había quórum. La cabeza de la manifestación demoró su salida cuarenta minutos para que se incorporara más infantería. A diferencia de otros días, había mucha carpeta bajo los brazos. La mayoría se quedó tomando los apuntes del mes pasado asustados porque aún no han pasado del tema dos. Al final, la comitiva partió con paso lento. Por una vez era factible contar a las volubles masas. Desde las cámaras de vigilancia de la Policía Local no pasaban de los «dos mil...tres mil», mientras la organización se instalaba en los cinco dígitos: «Unos 12.000», decían convencidos. Todavía no habían pasado el examen definitivo, Virxe da Cerca, desde donde es fácil comprobar la magnitud de la concentración. Ayer no le cantaron a los periodistas aquello de «luego diréis que somos cinco o seis». Faltaban los rostros maduros de los profesores. Estaban invitados, pero la saturación de actos de las últimas semanas y el hecho de que no hubiese un paro oficial convocado redujo drásticamente su presencia. Si a ello se suma que en Filoloxía hacen la guerra por su cuenta y que el personal de administración y servicios (PAS) tampoco pudo apoyar la concentración, las calvas entre las masas parecen más que justificadas. La cuestión era seguir en la brecha, y ese objetivo se consiguió sobradamente. Cientos de conductores se enteraron de que siguen en pie de guerra. Y dentro del Parlamento de Galicia, por poco que fuera, algo se debió escuchar.