José Ramón Vidal Romaní, director del Instituto Geológico de Laxe José Ramón Vidal Romaní conoció a Isidro Parga Pondal en 1979, el mismo año en que el químico Carlos Rodríguez Baltar convenció al geólogo laxense para que trasladara el Laboratorio Geológico de Laxe a O Castro-Sada, donde Isaac Díaz Pardo le hizo un hueco. Vidal Romaní, que es catedrático de la Universidad de A Coruña y dirige el Instituto Geológico de Laxe desde su creación, hace dos años. Allí se realizan investigaciones miembros de distintas universidades españolas y extranjeras. Uno de los principales logros es que «mantenemos la independencia», según explica Vidal Romaní.
14 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Cuando José Ramón Vidal habla de Parga Pondal siempre se refiere a él como don Isidro. Así le debía llamar entre 1979 y 1986, año en que falleció el geólogo laxense. Para hablar con él hay que llamar a la Universidad de A Coruña, donde está integrado el Instituto Geológico de Laxe, aunque mantiene su independencia. En la institución, creada hace dos años, participan varias universidades, cuyos representantes están incluidas en el consejo científico. -¿Cree que Parga Pondal estaría satisfecho? -Es muy fácil hablar de una persona cuando ha fallecido. Yo creo que él quería convertir el Laboratorio Geológico de Laxe en una institución universitaria. Lo echaron de Santiago durante la guerra civil y no regresó a ella hasta que en 1983 lo nombraron doctor honoris causa, tres años antes de morir. A causa de que no le devolvieron cosas que le pertenecían, en 1980 se empezaron a estudiar las posibilidades de que se integrase como un colegio universitario, pero en Santiago nunca lo permitieron. Fue Meilán Gil, el rector de la Universidad de A Coruña el que vio las posibilidades. -¿Cuándo se trasladó el laboratorio a Sada? -En el año 79, don Isidro ya veía que aquello se hundía y decía que lo echaría todo al mar. Él vivía en A Coruña y el laboratorio de Laxe estaba mal cuidado. Entonces era un montón de cajas desordenadas. Fue entonces cuando don Isidro conoció a Rodríguez Baltar, que era químico y que buscó a Isaac Díaz Pardo, que tenía medios de transporte y espacio.