Miguel Otero: «La Unión Europea tiene más margen fiscal para actuar ante la guerra de Irán del que tenía durante el covid»
ECONOMÍA
El analista del Real Instituto Elcano cree que el conflicto podría unir más a Rusia y China, y que el euro tiene capacidad para convertirse en una alternativa al dólar
14 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Miguel Otero (Basilea, Suiza, 1979) es investigador principal sobre Economía Política Internacional en el Real Instituto Elcano y profesor en el Instituto de Empresa. Confía en la capacidad «coordinada» de la UE para navegar las consecuencias de la guerra en Irán y analiza cómo afectará a otras economías regionales y globales.
—¿Qué sectores serán los más damnificados por la guerra?
—En primer lugar, los que dependan de los combustibles. En el caso de Galicia, pesca, conservas, transporte por carretera, puertos, automoción, industria pesada, metalurgia… Y, luego, hay otra derivada que es el tema de los seguros para el transporte marítimo, que también afectan a la subida de fletes y, de nuevo, a sectores como la pesca.
—Ponemos el foco en impacto energético, pero ¿cómo afecta el cierre de Ormuz al comercio?
—No solamente al comercio, porque es una zona de paso importante. Podemos pensar en dos posibilidades. Una es que la guerra acabe pronto y el golpe sea menor, otra, que se prolongue. Entonces, los efectos no solamente van a estar en el sector del transporte o los que acabo de citar, sino que el impacto será transversal. Todo será mucho más caro y lo más probable es que suba la inflación, haciendo intervenir a los bancos centrales, por lo que el crédito sería más caro, con una reducción de la inversión y la actividad económica, y con un impacto también para consumidor, aunque no es momento de ser alarmista.
—¿Vamos a un escenario similar al de la guerra de Ucrania?
—España está más diversificada que otros países en relación al petróleo y el gas que usamos, pero también dependemos más de los combustibles fósiles y somos más sensibles al precio. De nuevo, va a depender de la duración y el impacto de la guerra y, en tercer lugar, de la respuesta a nivel fiscal, de las ayudas y de la coordinación internacional. Después, aquí tenemos también la situación de los derivados del petróleo, como el plástico, y, por ejemplo, el hecho de que países como China no puedan exportar su refino, y entran los mercados financieros, con las proyecciones que puedan hacer. Son muchos factores. Si esto dura meses y se ve sacudida la economía internacional, será algo más global que Ucrania, más cercano al covid-19.
—Hablaba de la coordinación internacional. En nuestro caso, ¿tiene margen para operar la UE?
—La primera cuestión a abordar es si va a haber una respuesta conjunta, que, ahora mismo, está por ver. En segundo lugar, si la hubiera, el margen fiscal es mucho. Hay una gran demanda de deuda de la UE porque hay dudas sobre el dólar y [el bloque] tiene, en conjunto, un endeudamiento menor que EE.UU. Si hubiese esa determinación, habría espacio para algo parecido, o mayor, que con los fondos Next Generation.
—Antes de la guerra el dólar se estaba debilitando, ahora ha repuntado. ¿Cómo le va a afectar?
—Bueno, es la moneda reserva por excelencia y no hay una alternativa clara. La mayoría de los países del Golfo tienen también sus monedas ancladas y, a nivel geopolítico, lo más normal es que la gente se refugie en dólares, pero es verdad que las políticas de Trump han hecho que se echen en falta alternativas. De ahí que, otra vez, el debate esté en que, si la UE empezase a emitir deuda de una manera conjunta, no solamente para lidiar con la crisis, sino para la autonomía estratégica que se anhela, el euro podría ganar terreno al dólar. China tiene su moneda intervenida y, por lo tanto, todavía no es atractiva, por eso también en los últimos meses el refugio ha sido el oro. Otro claro indicador de la desconfianza en el dólar y en el sistema monetario.
—Y, además de eurobonos, ¿harían falta otras medidas?
—Los eurobonos no son un fin, son un medio. Entonces, se necesita una coordinación a todos los niveles para paliar el posible shock inflacionario o una recesión y, más a medio o largo plazo, pueden servir para ser menos dependientes de los combustibles fósiles, para defender los intereses y valores europeos, para ser independientes de EE.UU. y, por lo tanto, para no ser enormemente vulnerables. Primero hay que ver qué necesitamos para esa autonomía estratégica y, después, financiarlo.
—Suponiendo que EE.UU. consiga controlar el suministro de petróleo y Ormuz, ¿qué consecuencias tendría para China y Rusia?
—Más acercamiento. Esa es una de las derivadas de esto. China se haría, por así decirlo, más dependiente de Rusia. Hasta ahora se venía hablando de una asimetría importante; eso la reequilibraría.
—Además de la dependencia energética, China es damnificada como exportadora...
—Por supuesto, los efectos son a todos los niveles. Esto es anecdótico, pero el otro día jugó el Madrid y se desplomó la reventa porque, normalmente, viene mucha gente del Golfo. Muchas líneas aéreas han empezado a subir precios y, para China, va a ser un duro golpe, pero menor que el que hubiese supuesto hace diez años. Se ha preparado a través de los oleoductos con Rusia, diversificando sus fuentes de petróleo, electrificando…
—¿Y a nivel de los poderes regionales, qué escenario ve?
—Puede haber un elemento beneficioso incluso para China, porque hay que pensar en la reconstrucción y muchas de sus empresas ya están en la región. Y, a nivel geopolítico, exceptuando a Israel, esto ha demostrado a muchos líderes regionales que EE.UU. no es un socio fiable, por impredecible y porque, en el primer conflicto que enfrentan tienen que proteger las bases americanas, como ha señalado alguno. Es una región que siempre ha apostado por esta potencia, pero les ha generado una situación que no querían, sin consultarles, por lo que el grado de confianza será menor.
—El conflicto también afecta a sus economías en otros niveles...
—Sí, muchos son hubs de comercio aéreo y hay impactos difíciles de calcular, como el daño reputacional. Hasta la guerra, se vendían como sitios muy seguros, con posibilidades de progresar. Muchos dependen enormemente de los expatriados, que pueden suponer el 80 % de su población, y, de momento, Irán demuestra que puede desestabilizar la región con pocos recursos.
—En relación a la confianza, ¿se resiente la sensación de seguridad para los negocios?
—Hay preocupación por ir a un mundo más bélico porque se provocan situaciones de inestabilidad o por la carrera armamentística desde Asia Oriental, con Japón, Taiwán, China, a Europa y, obviamente, Rusia, que ya tiene una economía de guerra, y Estados Unidos, que está ahí desde hace mucho. Y luego, nuevos modelos de guerra con drones o inteligencia artificial (IA).