Zara aprovecha el escaparate de la Super Bowl en su estrategia para colgarse la etiqueta del lujo

G. L. REDACCIÓN / LA VOZ

ECONOMÍA

Bad Bunny, vestido de Zara en el espectáculo del intermedio de la «Super Bowl»
Bad Bunny, vestido de Zara en el espectáculo del intermedio de la «Super Bowl» ZUMA vía Europa Press | EUROPAPRESS

En el mercado se lee la colaboración con Bad Bunny como una señal a los inversores del giro estratégico que impulsa Marta Ortega

11 feb 2026 . Actualizado a las 11:20 h.

«No nos reconocemos en lo que denominan fast fashion [moda rápida]», dijo hace casi tres años Marta Ortega, presidenta de Inditex, en una de sus contadas entrevistas en medios —en aquel caso con el Financial Times—, en la que argumentó que esa etiqueta de la moda rápida evoca «ropa de mala calidad que se vende a precios muy bajos, y eso no puede estar más lejos de lo que hacemos». Desde que la segunda generación de la familia fundadora tomó las riendas del grupo, en noviembre del 2021, cada vez son más numerosas las acciones de la multinacional para reposicionar su enseña estrella, Zara, hacia un segmento de «lujo accesible». Desde el lanzamiento de colecciones cápsula con la rúbrica de diseñadores de firmas de alta gama, hasta la apertura de tiendas bandera decoradas por los primeros espadas del interiorismo mundial, como la abierta en Barcelona el año pasado, decorada por el arquitecto belga Vincent van Duysen.

El último capítulo en esa estrategia para dar más brillo a las etiquetas de Inditex llegó el domingo de madrugada, cuando Bad Bunny saltó al estadio donde se celebraba la Super Bowl (la final de la liga de fútbol americano) vestido de la marca gallega. Aunque el outfit tardó poco en ser diseccionado por los especialistas en moda y sociedad, el guiño no ha pasado desapercibido para los analistas de mercado, que creen que esta colaboración «no es una anécdota cultural ni una acción de márketing especialmente creativa», sino «una señal estratégica a los inversores de su apuesta como marca de lujo, que merece leerse con calma», en palabras de Javier Molina, analista de eToro.

Explica el experto que el movimiento tiene tres grandes implicaciones. En primer lugar, «demuestra una capacidad poco común para generar relevancia global sin recurrir a gasto publicitario directo», una ventaja competitiva frente a sus rivales. En segundo lugar, reposiciona a la marca en un espacio intermedio: «Lujo funcional de masas. No compite por precio ni por exclusividad, sino por identidad y narrativa», algo clave para las generaciones más jóvenes. Y, por último, destaca la «implicación interna» al «convertir a sus empleados en parte del relato», con el regalo de la réplica de la camiseta que lució el artista. «Zara demuestra que puede competir en relevancia cultural con una eficiencia que el lujo no puede igualar y con una escala que las marcas nicho no alcanzan», explica Molina, que añade: «Cuando una compañía cambia la categoría en la que juega, el mercado suele tardar en ajustar el precio. Ahí es donde aparece el valor».