El Gobierno no ve ahora con buenos ojos la absorción de la empresa de Escribano, que asegura: «Nadie ha pedido mi dimisión»
11 feb 2026 . Actualizado a las 17:54 h.Las visitas de empresarios del Ibex a la Moncloa se están haciendo habituales en los últimos años. Poco más de un año ha pasado desde que Álvarez-Pallete llegó en coche al complejo presidencial para recoger su carta de despido de Telefónica. 365 días después, ese mismo camino lo realizó el miércoles Ángel Escribano, presidente de Indra. Lo hizo entre rumores, presiones y una operación empresarial que está elevando las tensiones dentro y fuera del consejo de administración de la cotizada, que en lo que va de semana ha caído un 15 % en bolsa.
Escribano alcanzó el sillón presidencial de la firma de defensa, de la que ya era accionista, tras ir incrementando progresivamente su participación con pequeñas adquisiciones, y con el beneplácito del equipo económico de Pedro Sánchez y también de la SEPI, máximo accionista, seguida precisamente por los Escribano.
«Nadie ha pedido mi dimisión», aclaraba ayer Ángel Escribano en un comunicado remitido a la agencia Bloomberg. Y eso porque en las últimas horas los rumores sobre una posible dimisión o cese para rebajar la tensión han ido cobrando fuerza. Una presión que ha tenido su reflejo en la cotización de la empresa Ibex. «No existe un proceso en este sentido», apostilló el empresario madrileño. Y no solo eso, tras su visita a la Moncloa, escribano sacaba pecho dejando clara su «determinación de seguir impulsando la construcción de una Indra más fuerte y sólida».
En el trasfondo de todos estos movimientos subyace el proceso de fusión con EM&E, la empresa familiar de los hermanos Escribano, que lleva desde el mes de abril dando quebraderos de cabeza a la cúpula directiva por su encaje legal. Desde entonces, esta integración ha copado titulares en prensa y ha acumulado tensiones en el seno de Indra, con varias dimisiones de consejeros por posibles «conflictos de interés».
Aquella confrontación acabó con la renovación de los cargos y con la creación de una comisión ad hoc para estudiar cualquier punto conflictivo, aunque el propio consejero delegado, José Vicente de los Mozos, fue tajante. «No hay conflicto de interés. ¿Ustedes creen que con mi trayectoria me jugaría mi prestigio?», comentó ante la prensa durante la presentación de los resultados empresariales de Indra el año pasado.
Ambas partes, Indra y EM&E, esperaban cerrar la operación antes de que acabase el 2025. Así lo daban por hecho y recalcaban que «no habría canje monetario». La clave estaba en el encaje accionarial de los Escribano en el nuevo conglomerado de Indra, ya con la empresa con sede en Alcalá de Henares en cartera. «Faltan unos flecos», decían a finales de noviembre. El movimiento empresarial, por aquel entonces, contaba con el beneplácito de la Moncloa y, además, recibió el visto bueno de la comisión ad hoc. Sin embargo, los flecos no se cerraron y, en las últimas semanas del año, la operación se pospuso para la primavera del 2026.
Los flecos, en realidad, eran la valoración de EM&E y el problema, el peso de los Escribano en el nuevo accionariado. La horquilla de valoración se estimaba entre 1.000 y 2.000 millones de euros, una cifra que, traducida a títulos de Indra, podría elevar la participación de Ángel y Javier por encima del porcentaje de la SEPI, y que rondaría el 30 %, umbral que obligaría a presentar una opa sobre el 100 % de la sociedad, tal y como marca la legislación española. Desde la SEPI descartan la compra de EM&E a través de una fusión, y la Moncloa parecer ser más partidaria de que Indra compre un 51 % de la empresa de los Escribano.
Varios minoristas han solicitado a la CNMV la apertura de una investigación sobre posibles infracciones de las normas de gobierno corporativo, conflictos de interés y falta de transparencia en Indra.