La historia interminable de la plusvalía municipal

Carlos del Pino Luque

ECONOMÍA

14 feb 2024 . Actualizado a las 20:53 h.

Nadie podía imaginarse en mayo del 2017, cuando el Tribunal Constitucional declaró que la plusvalía municipal era inconstitucional en los supuestos en los que había pérdidas, lo que ha sucedido respecto de este impuesto, lo cual pone de relieve la decadencia de nuestro Estado de derecho.

De todos es ya conocido que la sentencia 182/2021 del Tribunal Constitucional que finalmente expulsó del ordenamiento jurídico la norma para la determinación de la base imponible trató de blindar, y así lo hizo, las arcas de los ayuntamientos, imposibilitando utilizar los argumentos que lo llevaron a tal conclusión para revisar liquidaciones firmes o rectificar autoliquidaciones, derecho que hasta la fecha resultaba pacífico durante el período de prescripción.

Algunos, confiábamos, y así seguimos haciéndolo, en que dicha sentencia no impedía ni limitaba la posibilidad de que cualquier sujeto que hubiera satisfecho la plusvalía municipal pudiera exigir responsabilidad patrimonial al Estado legislador pues, de lo contrario, el pilar fundamental sobre el que pivota un Estado de derecho, el principio de responsabilidad de las Administraciones, brillaría por su ausencia.

En este sentido, el Tribunal Supremo se ha pronunciado, declinando la indemnización solicitada toda vez que no quedó probada la inexistencia de capacidad económica ni en la vía económico-administrativa ni en la vía judicial previa, con la que finalmente adquirió cosa de fuerza juzgada.

Si bien parece desprenderse de la sentencia que la única vía de acceso para obtener una indemnización por responsabilidad patrimonial del Estado legislador se encuentra anudada estrechamente con la inexistencia de capacidad económica gravable o el alcance confiscatorio del impuesto, lo cierto es que el Supremo va un paso más allá, indicando que se puede llegar a tal conclusión si, además de los anteriores supuestos, se acredita que las reglas de cálculo aplicadas eran incorrectas, lo cual pone de relieve que aquellos que denunciaron tal extremo en los procesos judiciales previos, en puridad, mantienen viva su expectativa.

En todo caso, habrá que esperar al próximo capítulo, que no será, ni mucho menos, el último.