El envejecimiento de la población reducirá los ingresos fiscales y aumentará el déficit
27 may 2019 . Actualizado a las 10:14 h.El envejecimiento de la población -los nacimientos se reducen mientras la longevidad aumenta- tiene importantes efectos estructurales sobre la economía. Se resienten el consumo privado, el ahorro, la productividad y el crecimiento a largo plazo, además de reducirse los ingresos fiscales, aumentar la desigualdad y también el déficit y la deuda pública, dados los gastos crecientes en sanidad pública, cuidados de larga duración y pensiones aparejados a una población de mayor edad. Estas son las principales conclusiones del informe que el servicio de estudios de Mapfre acaba de publicar sobre «Envejecimiento poblacional», en el que alerta, entre otros riesgos, sobre la sostenibilidad de los sistemas de pensiones de reparto, como el español.
De hecho, el gasto en pensiones contributivas ha pulverizado otro récord este mes de mayo, rebasando los 9.610 millones de euros, un 7 % más que hace un año, según los datos publicados el pasado por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.
El informe de Mapfre, en concreto, pone el foco en la evolución de la tasa de dependencia (el número de cotizantes por cada pensionista), que se enfrenta a una preocupante reducción en las próximas décadas. Los actuales tres cotizantes por pensionista caerán a menos de la mitad en España en 40 años, cuando habrá apenas 1,3 trabajadores por jubilado. Cabe recordar que los expertos sitúan en dos el umbral de la sostenibilidad del sistema.
Más de un tercio de la población española será mayor de 65 en cuatro decenios Tan poco alentador escenario no es, sin embargo, exclusivo de España, sino un futuro compartido con otros países desarrollados del globo: desde Japón, a Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong, Grecia, Portugal, Polonia, Singapur o Italia. La estimación del estudio es que todos tengan una ratio de dependencia inferior a 1,5 personas en edad de trabajar en el 2059 por cada jubilado, frente a los valores por debajo de cuatro que presentan hoy Europa, Australia y América del Norte.
El envejecimiento se acelerará exponencialmente. La población mayor de 65 años, que actualmente en España supone el 20 % del total, rebasará el tercio en el horizonte estudiado, situándose en el 35,4 %. A esto se suma el aumento de la esperanza de vida, que a los 65 años será de 25 más en el período 2055-2060, y se acercará a los 30 a finales de siglo.
«En economías donde los aumentos de la esperanza de vida y la reducción de la fertilidad coexisten con deficiencias en el mercado trabajo, se plantean retos graves para la sostenibilidad del sistema de pensiones», subraya el informe, que insta a la adopción de reformas con «un consenso político» que permita implementarlas. De hecho, la gran tarea pendiente de la legislatura que acaba de arrancar es conseguir un acuerdo en el Pacto de Toledo -malogrado en la recta final de la pasada- sobre el que cimentar los cambios que requiere el futuro del sistema.
Reformas necesarias
En este sentido, destaca algunos de los aspectos en los que se centran las reformas en marcha en otros países, como mantener un esquema básico de apoyo social, aumentar la edad de jubilación, ajustar las tasas de contribución y las transferencias presupuestarias para el pago de pensiones. También propone incentivar fiscalmente el ahorro voluntario a largo plazo para complementar la jubilación y mayor transparencia para que los trabajadores sepan qué pensión recibirán.
El estudio cifra entre un tercio y la mitad del gasto público total primario en los países de la OCDE el coste de las pensiones y los cuidados sanitarios, porcentajes que empeorarán con la evolución demográfica esperada. Entre sus consecuencias, recoge también una posible «dinámica explosiva de la deuda pública», provocada por la reducción de los ingresos fiscales asociada a la población envejecida, un crecimiento potencial cada vez menor, baja inflación y los ya referidos costes crecientes por salud y pensiones.