Ferrol fía su resurgir al auge del naval

Las F-110, que garantizan una década de trabajo, y la incorporación de jóvenes a la plantilla de los astilleros abren expectativas para revertir la crisis de la urbe


ferrol / la voz

Es su fortaleza y su cruz, el doctor Jekyll y Mr. Hyde, el que da las mayores alegrías y también reporta las crisis más duras. Ferrol no se entiende sin su sector naval y los astilleros públicos españoles tampoco habrían alcanzado su proyección internacional sin la impronta de sus centros de la ría. En la década que está próxima a terminar, Ferrol ha pagado un precio muy alto por su excesiva dependencia del monocultivo naval, con la doble factura de una crisis económica que afectó a todo el país y también por el vaciado de las gradas de sus astilleros, que llegaron a quedarse totalmente paralizados.

Ahora, toca el reverso de la moneda, y es un nuevo contrato del sector, el de construcción de cinco fragatas, las que serán las más avanzadas para la Armada española, las que abren un nuevo escenario para la ciudad y su comarca, al garantizar diez años de carga de trabajo y despejar un futuro sin sobresaltos. Navantia, además, acaba de aprobar la materialización de un plan estratégico que implicará un importante programa de rejuvenecimiento de las plantillas. Supondrá la salida de 2.200 trabajadores mayores de 61 años en los próximos cuatro años y la incorporación de otros 1.658, 700 de ellos a las antiguas Bazán y Astano.

Así son las fragatas F-110 que construirán los astilleros de Ferrol Su construcción reportará una década de carga de trabajo para las plantas de la ría ferrolana. Generarán unos 7.000 empleos, entre directos y auxiliares

Con esa conjunción de ocupación para una década y expectativas de empleo para los jóvenes de la comarca, Ferrol sueña con dejar atrás la etapa más dura en su historia reciente. El primer reto que tiene encima de la mesa es frenar su sangría demográfica. Mientras que grandes ciudades gallegas como A Coruña, Vigo y Lugo han conseguido revertir la tendencia y cerraron el pasado año con una recuperación de su padrón, Ferrol ahondó en esa brecha, con 770 vecinos menos. Solo en lo que va de década ha perdido un 9,3 % de población, descendiendo ya a 66.799 vecinos, muy lejos de los más de 90.000 que llegó a tener antes de la primera reconversión.

El municipio naval envejece a pasos agigantados, acentuando una tendencia común en toda Galicia. Aunque el mercado de trabajo ha mejorado en los últimos años, la población inactiva es superior a la que trabaja. Así, de acuerdo con los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre del pasado año, hay 29.100 inactivos, de 56.500 personas en edad de trabajar, es decir, el 51,5 % del total. La población ocupada está formada por 23.200 vecinos, mientras que los parados superan los 4.200. Gran parte de las expectativas de darle la vuelta a estas cifras pasan por los nuevos tiempos que enfilan los astilleros públicos.

Varias Marinas

Ferrol, que nació para fabricar barcos, tiene muy presente cómo se mueve la rueda del empleo y la actividad económica en la comarca cuando los talleres de sus factorías navales están a plena carga. A finales de la década de los 2000, en la antigua Bazán se fabricaban buques para tres Marinas: la española, la australiana y la noruega. Unos 6.000 empleados, de la plantilla propia y de las compañías auxiliares, se ocupaban de esas tareas. Los cálculos de Navantia apuntan a que las F-110 sostendrán 7.000 puestos de trabajo, entre directos y complementarios, durante un decenio.

«Los barcos tendrán componentes con patentes de otros países, lo que traerá a la ciudad a profesionales de esos lugares. Yo llevo cuatro años aquí, pero con todo el mundo que he hablado me ha dicho que se va a notar mucho en la ocupación», afirma José Antonio Cedena, director del Parador de Turismo.

No obstante, conscientes de los picos de sierra que caracterizan al naval -con épocas de gran esplendor y otras de crisis-, los ferrolanos son conscientes de que hay que aprender de la lección y apuntalar otras opciones para el sostén de su economía. «Está claro que el contrato de las fragatas se va a notar, pero lo que necesitamos de verdad es atraer a gente a la ciudad», asegura el comerciante Francisco Fajardo. Alejandro Casteleiro, director técnico de la empresa Ártabro Tech, entiende que el encargo «significa una inyección de oxígeno para una zona tan castigada como esta», aunque subraya la importancia de que se avance en la diversificación de su economía. «Ferrol es un polo industrial de peso en Galicia y ha de aprovechar los ciclos de bonanza como este para atraer talento, para impulsar la creación de nuevas empresas y para apostar por el futuro, que está en la tecnología. Gracias al sector naval, Ferrol cuenta con profesionales muy capacitados, y Navantia ha de seguir siendo motor y dinamizador en este aspecto», sentencia.

La llegada del macrocontrato para la Armada española -ya confirmado y que se firmará en estos primeros meses del año- se produce en un momento en el que las plantas públicas gallegas construyen tres buques y una plataforma de eólica marina. Ferrol, relegado al octavo puesto de los municipios gallegos con un mayor producto interior bruto (PIB) se prepara para recuperar la posición como segunda área industrial de mayor pujanza de Galicia.

Una transformación del astillero con una inversión millonaria

Además del contrato de ejecución de las cinco fragatas F-110 para la Armada española, el naval ferrolano tiene encima de la mesa otro importante proyecto, que implicará destacadas inversiones y tendrá una gran repercusión sobre el empleo. Es la transformación de las instalaciones de la antigua Bazán, para dejar de construir como hasta ahora -ensamblando los módulos que se hacen en los talleres en una grada-, para pasar a hacerlo en un dique, cubierto. Solo la construcción de esta nueva infraestructura precisará de una inversión superior a los 140 millones de euros. Pero para convertirse en un verdadero astillero 4.0., Navantia Ferrol tendrá que acometer otras obras, como muelles de mayor tamaño y talleres cubiertos, todos ellos alrededor del dique seco, que elevará aún más ese desembolso.

La empresa puso en marcha a finales del 2016 los trámites necesarios para la materialización de este proyecto, pero afecta a distintos ministerios y organismos, por lo que esa fase aún no ha concluido.

En el plan estratégico de Navantia se reflejan inversiones por valor de 400 millones de euros para todos los centros, que se acometerán en los próximos cuatro años, aunque el dique aún no tiene una partida asignada.

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