José Manuel Iglesias Vilas: «El monte es nuestro petróleo verde y tenemos que saber explotarlo»

«Es increíble que se tenga la visión tan absurda de que detrás de los incendios hay intereses económicos», asegura el presidente del Clúster da Madeira e o Deseño de Galicia

«El monte es nuestro petróleo verde y tenemos que saber explotarlo» El presidente del clúster de la madera reivindica las posibilidades del sector

Carballo / La Voz

José Manuel Iglesias Vilas (Montevideo, 1959) es fundador de Galopín y Gefico, ubicadas en el polígono de O Acevedo, Cerceda. Además es, desde hace casi tres años, presidente del Clúster da Madeira e o Deseño de Galicia. Sobre su futuro al frente de la entidad, echa balones fuera: «Sé que tengo excelentes colaboradores que tomarán el testigo con energía renovada y siempre me tendrán a su lado para ayudar en lo que esté en mi mano».

-¿Qué valoración hace de estos tres años al frente del clúster?

-A nivel personal, lo más valioso ha sido aprender con grandes ejecutivos y empresarios, trabajando juntos por el sector y por Galicia. En el plano colectivo, vivir el principio de la recuperación económica. Constatar la madurez de la cadena de valor y debatir internamente sus problemas y hacer propuestas conjuntas. Hemos conseguido remontar una crisis y no desaparecer, como le ha pasado a muchas organizaciones. Y esto ha sido posible gracias a la confianza de todos los socios del Clúster.

-¿De qué se siente más orgulloso?

-Las tareas nunca son personales, sino colectivas. Estoy orgulloso de mi equipo y de las asociaciones con las que colaboramos. Somos un instrumento imprescindible para impulsar un sector que en Galicia resulta estratégico.

-¿Cuáles son sus prioridades?

-Tenemos que perseverar en conectar con la sociedad, explicando los valores del bosque y la madera para fijar población, luchar contra el cambio climático. Tenemos que fomentar la cultura forestal, tan escasa en Galicia. Tenemos que apoyar el diseño, la industria 4.0 y todos aquellos procesos que generen valor añadido. Una tarea ingente imposible de abordar en un mandato. El caso es que el vaso se está llenando y a poco que miremos atrás, hemos dado un paso de gigante.

-Desgrane las claves del sector de la madera en el fututo.

-Nuestra prioridad es que la sociedad también madure, que entienda que el bosque y la madera es un producto renovable, que tenemos que plantar y talar. Que el sector es el que más cuida el bosque porque es su recurso y de él depende su sostenibilidad. Si no existiera una industria que valorizara el monte, solo tendríamos abandono y una bomba de biomasa. Tenemos que convencer de que nuestra situación geográfica es una bendición, es nuestro petróleo verde y, si no lo sabemos explotar, incluso puede ser una amenaza para nuestros bienes y nuestra propia vida. Si denostamos a la industria, le estamos haciendo la campaña al petróleo. Quiero pensar que tomaremos conciencia de que el medio ambiente no se mantiene solo sin que alguien pague los costes, a través de los impuestos o las tasas. Los bosques necesitan inversores y silvicultores, profesionales que obtengan un rendimiento empresarial por su trabajo. Si lo conseguimos, el ahorro gallego se quedará para invertir en Galicia. El monte puede movilizar ingentes cantidades de recursos y talento, puede ser una fuente de recursos y calidad de vida.

-¿A qué achaca las oleadas de incendios? ¿Es cierto que detrás hay intereses económicos?

-Es increíble que se tenga todavía una visión tan absurda y conspiranoica. Los urbanísticos no pueden ser porque la ley ya prohíbe recalificar. De la industria no puede pensarse que queme su propio recurso, el que le ofrece sostenibilidad. Una fábrica de tablero tarda 20 años en amortizarse y sería absurdo pensar que se quema la madera ahora para no tener materia prima en los siguientes lustros. Hay que tomar en serio el cambio climático, la sequía que precedió al gran incendio de octubre no tenía parangón en Galicia. También hay abandono, la gente ya no aprovecha como antes la maleza para hacer camas de los animales, no poda para hacer leña. Hay menos granjas y explotaciones agrarias que hacían de cortafuegos porque las aldeas se abandonan. También hay incendiarios y muchos están localizados, pero tenemos un sistema judicial tan garantista que hace falta pillarlos con las manos en la masa y eso en un monte es muy difícil. Hace falta un cambio de paradigma, toda la sociedad tiene que implicarse empezando por desterrar la cultura del fuego, ya no hace falta hacer quemas, hay sistemas mecánicos para resolverlo.

«El ahorro de los gallegos no puede ir a chalés en el Levante»

El sector ofrece unos números para tener en cuenta. Una facturación de 1.941 millones, 3.000 empresas, 80.000 empleos y el 3,5 % del PIB gallego.

-Con estos datos, ¿por qué se abandona el monte?

-Hay mucho futuro en la bioeconomía, se están haciendo productos textiles con la madera, incluso polímeros o alimentos para el ganado. En Vigo ya se está experimentando con los nuevos materiales en los automóviles. En la Universidad de Lugo, el Máster en Ingeniería de la Madera Estructural, que dirige el catedrático Manuel Guaita, enseña a hacer infraestructuras de madera, rascacielos como ya se están haciendo en las ciudades importantes del mundo. Hay un enorme déficit de materia prima en Europa, y Galicia puede aprovechar esa oportunidad.

-¿Qué opinión le merece el plan forestal de Galicia?

-Estamos muy interesados en que exista un marco de trabajo, unas líneas de actuación que fomenten la inversión. Que el ahorro de los gallegos no se vaya para hacer chalés adosados al Levante, que se invierta en el monte gallego. Y para ello precisas de un consenso, un pacto de país entre políticos, sindicatos, empresarios y organizaciones medioambientales. Debemos salvar el rural gallego, romper la falsa dicotomía entre producción y medio ambiente. Este plan forestal debe ser el plan de pensiones para los que viven del monte.

-¿Por qué se estigmatiza al eucalipto?

-Hay mucho desconocimiento e intereses ideológicos que implantan una posverdad. Se habla de colonización, pero no se dice que las frondosas han duplicado su superficie en los últimos treinta años. Que hace cincuenta años solo teníamos medio millón de hectáreas arboladas y ahora las hemos aumentado en 900 mil hectáreas, aumentando frondosas y especies de crecimiento rápido.

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