¿Qué tienen en común Obama, Thomas Edison y Einstein?

Una capacidad llamada resiliencia que, además, se aprende. Estas son sus características


¿Usted sabría decir lo que tienen en común Barack Obama, expresidente de EE.UU.; Thomas Edison, inventor de la bombilla, y Albert Einstein, el científico responsable de la teoría de la relatividad, esa que alteró la manera de concebir el espacio, la energía y el tiempo? Tienen en común la resiliencia o, lo que es lo mismo, la capacidad que tienen las personas -no todas- para superar tanto las adversidades profesionales como las personales, recuperarse y seguir adelante, mejor adaptados al medio, con nuevas capacidades y destrezas. ¡Nada más y nada menos! Y usted, según los expertos, puede tener esa destreza, porque se aprende. Catalina Fuster, coach de Asesco (Asociación Española de Coaching), dice que las personas resilientes tienen características comunes, como por ejemplo:

1.- Son optimistas, empáticos y se centran en el presente.

2.- Son capaces de plantearse un objetivo y hacer lo posible para llegar a él desde el autoconocimiento y la convicción de que la vida es evolución y mejora.

3.- Actúan con determinación y perseverancia, imprescindibles para insistir una y mil veces cuando las cosas no salen como uno espera ni a la primera ni a la quinta.

4.- Se permiten ser creativas.

5.- Buscan entornos positivos y también personas que tengan esa visión del mundo y de las cosas.

6.- Buscan ayuda y apoyo en los demás cuando lo necesitan, sin sentirse incapaces, más bien entienden que esta ayuda les permitirá mejorar nuevas capacidades.

7.- Incorporan el humor a las circunstancias que las rodean, aprenden a encontrar el lado divertido de las cosas y a dedicar tiempo a pasarlo bien

8.- Cuidan su autoestima y evitan el juicio a los demás y a sí mismas.

A la pregunta de cómo puede cuidar uno su autoestima -porque parece complicado-, Carolina Fuster explica que la persona debe apreciarse, tiene que valorar sus capacidades y no estimar tanto el lado negativo de las cosas como el positivo. «Debemos revisar lo que hemos hecho diariamente y autofelicitarnos», explica, porque aquellos individuos que lo ven todo negro no se quieren y responsabilizan de sus propios fallos (que se pueden corregir) a cuestiones externas, a los demás.

Sobre la premisa de ni juzgar ni tomar en cuenta los juicios de otros sobre nosotros, la experta advierte que es necesario darle el valor que tiene a lo que piensen sobre uno los compañeros de trabajo, por ejemplo, porque ellos solo tienen información parcial. Por lo tanto, es necesario relativizar. ¿A quién no le gustaría que su hijo fuese resiliente como el primer presidente negro de EE. UU.? ¿Qué hay que hacer? Fuster aconseja no sobreproteger, no ser negativo, dejar que los hijos resuelvan ellos los problemas que se les plantean, que aprendan a confiar en sí mismos y, sobre todo, respetar su autonomía, «algo muy complicado para los padres». Tanto Fuster como su colega David Gómez coinciden en que las personas pueden trabajar las actitudes para ser optimistas y buscar salidas y soluciones a los problemas. También se puede entrenar la empatía, la perseverancia y la determinación y, por supuesto, la autoestima. Empecemos por abrir la mente.

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