El Gobierno da por hecho que España volverá a estar en la dirección del BCE

No plantará batalla por la codiciada silla del Eurogrupo

 El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem
El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem

bruselas / la voz

España no plantará batalla por la codiciada silla del Eurogrupo el próximo 4 de diciembre. Lo hará en cambio por la vicepresidencia del Banco Central Europeo (BCE) en mayo del 2018.

Lo confirmó ayer en Bruselas el ministro de Educación y portavoz del Ejecutivo, Íñigo Méndez de Vigo: «Estoy convencido de que España volverá a estar en el BCE», deslizó echando por tierra cualquier posibilidad de tomar el relevo del polémico holandés Jeroen Dijsselbloem como jefe de los ministros del euro: «España verá lo que mejor le conviene y dónde debe estar [...]. El Eurogrupo no es la prioridad en estos momentos para nosotros», aseguró apuntalando las declaraciones del propio ministro español de Economía, Luis de Guindos, quien después de salir derrotado de las votaciones del 2013 y el 2015 ya no quiere saber nada de una tercera candidatura. Ni siquiera su socio alemán, Peter Altmaier, o el francés Bruno Le Maire han logrado persuadirlo.

El Gobierno apunta en otra dirección. Está seguro de que España recuperará posiciones en el BCE tras quedar fuera de su ejecutiva en el 2012, en plena crisis del euro, cuando venció el mandato de José Manuel González-Páramo. Entonces la sombra de la quiebra española pudo haberse llevado por delante la moneda única. «Demostramos que sabemos vencer desafíos. Si España no hubiera respondido positivamente hubiera arrastrado al euro», justificó Méndez de Vigo para hacer valer a España, todavía infrarrepresentada en las instituciones y organismos europeos. «El capital político que tiene nuestro país es muy grande. Se lo ha ganado a pulso», trató de convencerse.

El mercadeo de cargos ejecutivos lleva tiempo al alza. Aunque el de la presidencia del Eurogrupo tiene una mayor proyección pública y garantiza una gran visibilidad, el asiento en el BCE puede tener más interés estratégico para el Gobierno español, empeñado en recuperar poder decisorio a las puertas de la gran reforma que se acerca en la eurozona. El desembarco del ministro De Guindos en el BCE podría obligar a Rajoy a rediseñar su Ejecutivo. Es el gran inconveniente para la Moncloa.

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