El presidente del BCE hace lo que tiene que hacer

María Cadaval

ECONOMÍA

11 mar 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

La economía europea navega en las revueltas aguas de la globalización, agitadas por la debilidad de los países emergentes, la caída de los precios del petróleo y de las materias primas, el frenazo en las expectativas de crecimiento americano y, en definitiva, por el conjunto de turbulencias mundiales que afectan a la recuperación económica.

Las variables monetarias reflejan hoy unas débiles perspectivas de crecimiento. Acompañadas por una anémica recuperación del sector financiero, por unos mercados lanzando serias advertencias, la renta fija comportándose como si la debilidad llegara para quedarse, la crisis de deuda amenazando con convertirse en crónica... Todo junto, lejos de incidir en la reactivación económica y en la pretendida inflación, solo hace acentuar la desaceleración.

Las medidas de política monetaria anunciadas por Mario Draghi van en la línea de lo que apuntaba en julio del 2012, cuando hizo famosa la frase de whatever it takes (hacer lo que sea necesario para salvar la economía de la zona Euro), con acciones sorprendentes, pero constatando que al Banco Central Europeo poco le queda por hacer para tratar de contribuir a que el crédito fluya y surta el efecto deseado en la economía real.

La batería de acciones anunciada ayer, que incluye tipos al 0 %, el refuerzo del programa de compra de activos (quantitative easing, QE), la adquisición de bonos corporativos o la bajada del rendimiento de depósito, entre otras, no ha decepcionado a los mercados, si bien, otra cosa será comprobar su efectividad.

La banca, sin margen de beneficio

En un escenario en el que la banca no tiene apenas margen de beneficio en sus operaciones ordinarias, es probable que no cumpla con el objetivo esperado, como ha ocurrido en las fases anteriores, al utilizar el crédito para lanzarse al carry trade, en lugar de volcarlo sobre la economía productiva. De nuevo, esta última apuesta del BCE trata de intensificar el esquema de injerencia monetaria para que el potencial reactive la atonía de la economía real. Pero no debemos olvidar, sin embargo, que a lo anterior hemos de sumar los problemas estructurales de la zona euro, junto con la ausencia más absoluta de una unión fiscal, que hace que la política monetaria por sí sola no acabe de funcionar en su papel de estabilizador macroeconómico.

Lo más probable es que estas medidas necesarias sí, no serán suficientes. Por ello, no estaría de más ir pensando en añadir ya a la receta un ambicioso programa de inversión pública.

María Cadaval es profesora de Economía Aplicada USC.