¿Un Presupuesto popular?


Mariano Rajoy tiene claro que si pierde la Moncloa no es porque sus votantes se vayan en desbandada a otras fuerzas políticas, sino porque se quedarán en casa. Las clases medias liberales, principal soporte popular, no solo se han sentido incómodas con la agenda del Gobierno, sino que han comprobado que la palabra del presidente dura menos que un caramelo delante de un colegio. Y el debate no es si ha sido eficiente o no. Es más simple. No cumplió lo pactado. Porque un programa, cuando se corrobora, es eso, un pacto. Y los ciudadanos, aunque muchos lo duden, sí nos leemos la letra pequeña de lo que firmamos en las contiendas electorales.

Por ello, estos Presupuestos están obligados a tejer una línea de diálogo sincero con el electorado popular ¿Lo consigue? Apunta maneras, aunque lastima a la vista comprobar su agenda social, más cargada de efectismo que de pólvora real. Las partidas fuertes, como becas, apenas se incrementan, y donde vemos porcentajes positivos esperanzadores, nos encontramos que las cantidades absolutas que hay detrás del titular son un puñado de euros en comparación con los casi seis mil millones que se van a ahorrar en protección de desempleo. Está claro que el diálogo que busca Rajoy no pasa por la sociedad del bienestar, lo curioso es que tampoco recorre sendas liberales. Uno diría que es una tercera vía a ningún lugar, una búsqueda de la España del 2006 pero bañada de una menor presión fiscal y un mayor nivel de desigualdad. Si usted está en la orilla de los que les va bien, no lo dude, le irá mejor. Acelerarán el crecimiento. Si, por el contrario, pertenece a la gran masa social que tiene grabada en sangre esta crisis, paciencia: el tren se mueve pero no está claro que mañana haga parada en su andén. Rajoy controla adecuadamente los resortes del crecimiento económico, no podemos negarlo, pero adolece de un proyecto de país. El bienestar lo ha dejado en manos del crecimiento económico, como si pensara que tiene alma y voluntad. ¡Bueno!

A pesar de lo anterior, es necesario reconocer que hay guiños sociales, pero nunca como consecuencia de un discurso ideológico, sino más bien fruto de las posiciones personales de determinados ministros. Pero un Presupuesto no puede ser un conjunto de solistas buscando el oído del virtuoso. Estamos sin letra o sin batuta, habrá que preguntarle al director. Y es que si alguien, en este presupuesto, encuentra una mínima medida de transformación de este país, que tan poco nos gusta a tantos, por favor, que me la cuente.

Venancio Salcines es el presidente de la Escuela de Finanzas

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
16 votos

¿Un Presupuesto popular?