Guevara, un juez con tanto genio como figura

Pequeño, delgado, encorvado y acompañado por su bastón, llega por las mañanas al despacho y lo mismo da los buenos días, que vocifera por lo mal que funciona la justicia


La Voz

Juez controvertido hasta decir basta, Félix Alfonso Guevara tiene un largo currículo que incluye haber sentado en el banquillo a Emilio Botín, a Lola Flores y al etarra Txapote ante quien no se achicó. Pero también fue el que puso en libertad a la mafia china de la Operación Emperador. ¿Por qué? Llevaban detenidos más horas de la cuenta y eso, él, garantista como es, no lo podía concebir, pese a que su compañero Fernando Andreu no tuvo tiempo material para tomarles declaración.

Casado y con tres hijas, el magistrado es hijo de otro juez, Bienvenido Guevara, quien llevó el caso del crimen de los Marqueses de Urquijo. Dicen de Guevara que tiene la ley grabada a fuego y que técnicamente es uno de los mejores profesionales de la Audiencia Nacional, donde bien conocen sus malos modos (gritos y llamadas de atención al personal) y se le reconoce su meticulosidad.

Es discreto, pero su aspecto no pasa desapercibido. Pequeño, delgado, encorvado y acompañado por su bastón, llega por las mañanas al despacho y lo mismo da los buenos días, que vocifera por lo mal que funciona la justicia.

Seguidamente se sienta y se mantiene atento a todo lo que se dice en la sala. Solo él la preside, y lo deja claro desde el primer momento. Ni fiscales, ni defensas ni testigos. Remarca su independencia frente a las partes. Él es más que genio y figura. Lo está volviendo a demostrar en el juicio por las indemnizaciones millonarias de las cajas gallegas. Es garantista. Deja expresarse a los testigos. «Hable, no le estoy llamando la atención. Se esta jugando usted tres años (de cárcel) y su fama», le dijo a Javier García de Paredes. No se corta frente al aparato del Estado, y lo demostró cuando le llamó la atención a las fiscales. «Le ha cortado a la testigo», le espetó a una de ellas, a quienes les exigió que dejaran de repreguntar como fórmula para lograr que las declaraciones fueran en interés del ministerio público. «Que no le diga lo que tiene que entender. Pregúntele, limítese a preguntar», le recriminó a la fiscal Pilar Melero.

El juez es directo y si tiene que preguntar, lo hace, tenga a quien tenga delante, incluso aunque sean los máximos responsables de haber acabado con las cajas de ahorros, acusadas de un apetito mortal en el sector inmobiliario, eso sí, frente a la mirada impasible del gran hermano, el supervisor.

«¿Ustedes se reunieron con ellos para que devolvieran el dinero?, le preguntó Guevara al jefe de inspectores de las cajas de ahorros. «No», reconoció Pedro González. Y el magistrado, que no da puntada sin hilo, aprovechó otro momento para hacerle una pregunta clave: «¿Cuando consideran ustedes que hay algún concepto que se ha pagado ya y que a lo mejor, requería la autorización del Banco de España?». A lo que responde: «Cuando recibimos el informe de Sagardoy [pone en duda que las indemnizaciones se ajustaran a la normativa de Bruselas]», y se desata la alarma social.

Sigue el interrogatorio con un «¿y qué hacen ustedes».

«Enviárselo a los servicios jurídicos del Banco de España, que dicen que no ven elementos para la apertura de un expediente». Así supo Guevara que no se había hecho nada de nada desde la institución con sede en la calle Alcalá y que -¡por cierto!- no tenía que autorizar ni los contratos ni el pago de las liquidaciones. Lo que le extrañó al juez, porque la ocultación de los contratos al Banco de España es uno de los delitos descritos por la fiscalía.

Mucha retranca

Guevara está demostrando que no le falta retranca -«¡vamos (que el acuerdo al que querían llegar para la devolución de las indemnizaciones) era para calmar a la sociedad!», concluyó, tras escuchar a González-Bueno, ex consejero delegado de NCG- y que siempre va al grano: «¿Ustedes dudaban de la legalidad o de la oportunidad?», preguntó el juez. «De la oportunidad», le contestó la testigo. Fue «suficiente».

Si quiere saber algo, aprovecha cualquier ocasión. Así, utilizó a José María Castellano, expresidente de NCG, para saber por qué la caja de ahorros resultante de la fusión no había provisionado los contratos millonarios: «Supongo que porque no los habían considerado cuantitativamente importantes, pero al ver hacia dónde iba la entidad [un cambio de manos radical, que provocó la salida de los directivos] se decidió a hacerlo».

Pero el juez tiene su corazoncito. Fue muy sensible con Pilar Cibrán, la testigo que explicó, una y otra vez, a través de una videoconferencia, sus lagunas de memoria porque llevaba un año recibiendo muchísima medicación y prácticamente aislada a causa de una grave enfermedad. Guevara lo entendió a la primera y no le pasó una a las fiscales. Reprendió a Melero una primera vez: «El barullo en la cabeza de la testigo es impresionante si usted le pregunta doce veces. (?) ¡Y no lo discuta! porque el oído lo tengo perfecto.»

Luego defendió a la testigo. «Sé que es sincera. Si sospechara que dice ?no recuerdo? para no responder, le advertiría que está bajo juramento». Pero, por tercera vez, reprende la actitud de la fiscalía por no entender que Cibrán no contesta al fallarle la memoria. «Ya me he disculpado en nombre del ministerio público, al que solo le queda la opción de recurrir a la Ley de Enjuiciamiento Criminal. No estoy aquí para dar lecciones. Pero usted esté tranquila». Si todo sale según lo previsto, el juicio quedará visto para sentencia esta semana.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
8 votos
Comentarios

Guevara, un juez con tanto genio como figura