HSBC, el banco de los escándalos

La entidad ha estado involucrada en casi todos los grandes casos de blanqueo y manipulación


madrid / colpisa

Prácticamente desconocido para el gran público en España al no ofrecer servicios para particulares en nuestro país, el británico HSBC, siglas de The Hong Kong and Shanghai Banking Corporation, es el primer banco internacional por activos totales: 2,67 billones de dólares (2,35 billones de euros) en el 2014; y el segundo mayor por beneficios: 22.565 millones de dólares. Solo superado por el norteamericano JP Morgan Chase. Su tamaño es justo el doble que el del Santander, que es la primera entidad financiera europea y la undécima del mundo. Si fuera un país, el HSBC tendría un PIB notoriamente más grande que el de Francia y sería casi como Alemania. Y todo esto, sin contar las cifras de los dos grandes bancos chinos, ICBC y China Construction Bank, que son enormes, los más grandes, pero como solo operan en su país no son comparables con ninguna gran entidad financiera de alcance mundial. El HSBC nació en 1865 en Hong Kong, fundado por el comerciante escocés Thomas Sutherland, para aprovechar las enormes posibilidades financieras que ofrecía el creciente comercio internacional entre los países asiáticos que componían el antiguo imperio británico y Occidente. Más de un siglo después, es uno de los gigantes bancarios internacionales, con operaciones en 74 países, 52 millones de clientes, 6.000 oficinas y más de 250.000 empleados.

Es prácticamente imposible que nadie que utilice aeropuertos en cualquier parte del mundo no se tope con la marca y el logotipo de HSBC en los fingers que bajan a los aviones y en los kilométricos pasillos que tantas horas ocupan a los viajeros, una especie de monopolio mundial para su publicidad.

Este gigante lleva unos cuantos años, casi desde que unificó sus marcas comerciales y centralizó las grandes decisiones del imperio en su cuartel general en la City de Londres, metido en casi todos los grandes escándalos mundiales de blanqueo de dinero, manipulación de precios en transacciones de divisas, manejo fraudulento de tipos de interés o diseño de estrategias para la evasión fiscal de grandes clientes particulares.

Narcotráfico y terrorismo

El último de ellos, la lista Falciani, ha sido el más notorio hasta la fecha, pero no el único. En el 2012, por ejemplo, HSBC decidió aceptar una multa de 1.920 millones de dólares impuesta por las autoridades de Estados Unidos por blanquear el dinero sucio de narcotraficantes mexicanos y por ser la vía de transacciones financieras relacionadas con el terrorismo internacional supuestamente financiado por Irán. Hoy, en el sitio web español de HSBC se puede leer: «HSBC España le informa que en la Península Ibérica no ofrece ningún servicio de banca personal». Sin embargo, eso no ha sido un inconveniente para que sus clientes españoles reciban esos servicios que se denominan «de banca personal»: más de mil utilizaron las habilidades de la entidad para, presuntamente, defraudar miles de millones en el pago de impuestos a la Hacienda nacional, usando la filial suiza. Igual que los demás ciudadanos de decenas de países que figuran en la lista confidencial de 100.000 clientes que acumulaban 120.000 millones de dólares en esa filial del banco británico.

Una lista que el informático del HSBC suizo Hervé Falciani se llevó del banco y que en el 2008 llegó por esta vía a las autoridades fiscales de varios estados europeos. Hasta el momento, hay cuatro países que están investigando formalmente al HSBC por este caso: Estados Unidos, Francia, Bélgica y Argentina. El Reino Unido, aún no. España, tampoco, aunque el ministro Montoro ha dicho que lo está estudiando. Hasta ahora, Hacienda ha obtenido 264 millones de euros de la regularización que hicieron varios de los que aparecían en la lista, entre otros la familia Botín, que pagó 211 millones de euros por la herencia allí depositada.

La historia de los escándalos del HSBC se completa con otros casos muy recientes. Por ejemplo, ha sido formalmente acusado en Estados Unidos -junto a Goldman Sachs, la compañía alemana BASF y la sudafricana Standard Bank- por manipular los precios de los mercados en los que se negocian los metales preciosos, lo que ha llevado a las autoridades bursátiles de todo el mundo a estrechar la vigilancia sobre las plataformas electrónicas donde se cruzan las grandes operaciones de compraventa de estos materiales.

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