Una gran desconfianza

ECONOMÍA

No pretendo ser socarrón si les digo que ya me gustaría a mí que el más grave problema que tuviese hoy la sociedad española fuese el de la corrupción y los negocios trampeados. Si así fuese, bastaría internar en un penal ejemplarizante a unos miles de sinvergüenzas para que nos dejaran al resto trabajar y vivir tranquilos.

Pero el más grave problema hoy mismo no es ese, sino la herencia que ya nos han endosado. Que se concreta en millones de parados (cientos de miles sin ayudas), cientos de miles de millones de deuda pública ilegítima, congelaciones de salarios, pensiones con menor poder adquisitivo, empleos por horas y sin asegurar o emigración de los más jóvenes. Con este panorama, no es extraño que la confianza y valoración de los españoles sobre su situación actual siga siendo negativa y empeore desde el mes de junio Y que las expectativas para los próximos meses sean de nuevo negativas.

No lo digo yo, lo dice el Centro de Investigaciones Sociológicas. A mí me gustaría que los datos de septiembre del comercio minorista no fueran negativos. Que las gasolineras vendieran más, que nos diese igual que no bajen los precios cuando el barril está más barato. Que las compañías eléctricas facturasen más kilovatios este invierno, a pesar de que este año la luz no para de encarecerse. Pero al CIS no le salen las cuentas.

La gente normal sabe que va a tener que hacer números, aún buscando ofertas y marcas blancas, en los próximos meses. ¡Que no nos falte el circo de los corruptos, del fútbol y de las chapuzas nacionales para llevarlo con resignación!