La reunión que clausuró ayer en Vigo la NAFO provoca de nuevo el escepticismo y el bochorno del sector, toda vez que nada importante se decidió allí para la flota española o europea. Se trata de una reunión más de las tantas que han tenido lugar desde el 95, cuando se infringió el golpe de gracia a las pesquerías españolas de fletán (la guerra del fletán), que ahora no son ni la sombra de lo que eran. Un 1 % arriba o abajo en las cuotas no es nada significativo. En aquel año, 60 barcos generaban 1.800 empleos directos durante todo el año; ahora solo faenan 18 barcos que generan unos 360 puestos de trabajo solo dos meses. Esas son las cifras que debieran enrojecer a cualquier dirigente pesquero europeo, si bien poco les importa, ya que la pesca es un lastre para ellos.
Canadá sigue manejando la organización a su arbitrio, y promoviendo la realización de informes de apariencia científica sobre la situación biológica de los caladeros. Situación ambiental que a nadie preocupa cuando se trata de llevar a cabo una de las acciones más contaminantes en el mar: la prospección petrolífera en aguas de la NAFO, actividad promovida por grandes capitales.
Aetinape seguirá desenmascarando las claves que han llevado a la práctica desaparición del sector de la pesca española, deslocalizada hacia lugares de menor coste laboral y con nuestros mercados absolutamente abiertos productos elaborados en cualquier país.