El peso del peso

Manuel Alcántara

ECONOMÍA

Todas las monedas del mundo se parecen en dos cosas: les sobran a los ricos y les faltan a los pobres. Desde que el mundo es mundo y por lo tanto está alejado de la mano de Dios, sucede lo mismo. El cristianismo y el marxismo han sido experimentos fracasados. ¿Qué supone, comparados con esos dos grandes movimientos, que el populismo de la señora Kirchner ponga patas arriba a Argentina? Su difunto marido, que lloraba con un solo ojo, con el grave riesgo de mojarse la espalda, no pudo detener lo que se le venía encima, pero curiosamente los argentinos han confiado siempre en que una mujer -Evita, Isabelita, Cristinita- vendría a salvarlos.

Yo también, porque soy argentino amoris causa, desde que caí por allí por primera vez, en el año 63 del siglo pasado, y lo sigo siendo todas las veces que he vuelto. Siempre me pareció que las mujeres son allí más cultas y curiosas que los hombres. Menos pedantes y más constantes. El gran Borges, que nació argentino y fue convicto fervoroso de Buenos Aires, aunque fuese ciudadano del mundo, se extrañaba de que su hermosa patria de origen, que individualmente no es inferior a ninguna, lo fuera colectivamente. Antes años antes, Clemenceau había dicho que Argentina era un país tan rico que se recuperaba durante las ocho horas que duermen sus políticos.

Ahora el derrumbe del peso nos afecta a todos porque el mundo es un mercado con distintos tenderetes. Me temo que el cataclismo haya llegado en un mal momento para nosotros, no solo porque este sea malo, sino porque todos lo son. Al perro flaco no es que le acudan las pulgas, sino las pupas, y el Ibex 35 cae un 3,64?% contagiado por las grandes empresas, a las que nadie engaña ya como a chinos. Los inversores, que misteriosamente siguen existiendo, huyen en no menos grandes bandadas para que no les atropellen las divisas de los llamados países emergentes, que se han vuelto subterráneos y no quieren dar la cara, pálida, como la del señor Blesa, pero las naciones no acuden al juzgado.