«Misión cumplida», punto final

José María Castellano y César González-Bueno abandonarán la entidad al dar por concluida su etapa y entregar un proyecto «sin sobresaltos» para el nuevo banco gallego


Redacción / La Voz

José María Castellano y César González-Bueno anunciaron ayer su marcha de Novagalicia (o NCG), un proyecto que comenzaron en septiembre del 2011 y que ha concluido con la venta del banco al grupo venezolano Banesco. «Misión cumplida», dice Castellano. Y así se han ido.

Los acontecimientos se precipitaron en la tarde-noche del jueves, cuando en un gesto inusual y ante un grupo de periodistas, el primer ejecutivo del grupo Banesco, Juan Carlos Escotet, anunció, por primera vez (luego lo repetiría en varias entrevistas), que el presidente de la entidad fruto de la fusión del Banco Etcheverría con NCG sería Javier Etcheverría. Y su consejero delegado, Francisco Botas. O lo que es lo mismo: en el nuevo equipo directivo no cabían ni José María Castellano, al que le ofrecía un puesto en el consejo, ni César González-Bueno, al que ni siquiera nombró. Ambos se enteraron por la prensa del anuncio, y les disgustó.

Ayer viernes, una hora antes de reunirse con Escotet en la sede de NCG en la coruñesa Rúa Nueva, José María Castellano convocó a los representantes de los trabajadores, a los que les anunció su marcha y la de César González-Bueno. «Siento muchísimo lo que hemos pasado juntos en los últimos años. Pero creo que os quedáis en un gran banco que tiene futuro», les dijo. Castellano ya había decidido la noche anterior dar por cerrada esta etapa.

Reunión con Escotet

Luego se reunió con Juan Carlos Escotet -que le había llamado después de que haber hecho el anuncio ante los periodistas- y con los miembros de su equipo. «Fue una reunión de trabajo», dice un portavoz oficial del grupo.

Dando la sensación de que todos los directivos se habían puesto de acuerdo en que su marcha no era importante, tomaron un «café virtual» con algunos trabajadores. Escotet realizó una exposición explicando qué es Banesco y el proyecto de futuro, y fue Francisco Botas, el futuro consejero delegado, el que abordó el negocio.

En la videoconferencia participaron también Castellano, desde A Coruña, y González-Bueno, desde Vigo. Todo fueron buenas palabras de despedida e incluso hubo un momento para las bromas. La noche anterior, la del jueves, una parte amplia de la plantilla había celebrado una fiesta a la que acudió el presidente de NCG con su esposa. Le aplaudieron al entrar y al salir. Al enterarse de esa celebración, Escotet dijo algo así: «¡¿Y no me avisasteis para tomar unas copas?!». Le contestó Castellano: «Ese fui yo, se me pasó». Asunto zanjado con risas.

Si bien el nuevo dueño invitó a Castellano quedarse en su consejo -invitación que rechazó-, con César González-Bueno fue distante. ¿Qué pasó? Hay varias versiones. Una apunta a que su fuerte carácter y personalidad chocó con la de los compradores. Otra apunta a que el grupo Banesco entendía que el ejecutivo de NCG no apostaba por la solución del Etcheverría en la subasta.

Sin embargo, miembros de su equipo explicaron que el que fue consejero delegado de la entidad tenía clara que la oferta favorita para lanzar el proyecto era la de Banesco, en un momento en el que los fondos no eran bien vistos por el Banco de España, que les obligaba a depositar 800 millones de euros.

Este es el proyecto

La Voz contactó con González-Bueno mientras comía con su equipo en Vigo. «Estoy contento porque el proyecto por el que apostábamos el presidente y yo es este. No tiene sobresaltos posteriores», dijo. Su tono, pese al desplante de los nuevos dueños, era pausado. «Tienen que entrar mandando y, además, lo importante es que han puesto el dinero y 2.000 empleos. Esto es una machada que ha salido bien», sentenció.

«Estoy encantado. Queda el banco en Galicia, que era lo que queríamos», dijo José María Castellano. A partir de ahora tiene «20.000 cosas» a las que dedicarse. Entre ellas a ONO (está preparando su salida a Bolsa) y a la familia. Hasta que la fusión sea una realidad, en unos dos o tres meses, Castellano seguirá, en período de transición. No será presidente ejecutivo, solo del consejo. Firmará las cuentas del 2013. Y punto final.

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