La compra pasa inadvertida en Caracas

Pedro García Otero CARACAS / CORRESPONSAL

ECONOMÍA

20 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Incrementar su negocio y su presencia internacional a un coste relativamente bajo, minimizar su riesgo interno y servir de puente entre la comunidad gallega en Venezuela y sus inversiones en su tierra. Estos son los tres objetivos que se había fijado Banesco y que ha logrado con la adquisición de Novagalicia Banco.

Una operación que ha tenido escaso eco en Venezuela, por varias razones. Banesco, que solo emitió un comunicado para informar de la adquisición, tiene un perfil comunicativo bajo, a pesar de ser el banco más grande por volumen de activos del país. Un país inmerso en una severa crisis económica, con inflación de 50 % y escasez de prácticamente todos los productos básicos y en el que la mayoría de los ciudadanos aún tienen ciertas reticencias respecto a su sistema financiero, después de que a mediados de los 90 una crisis bancaria acabara con la mitad de los activos del sistema, causara una caída del producto interior bruto de 13 puntos y una inflación de 103 % en 1996 (los dos picos históricos de ambos datos macroeconómicos).

Banesco fue uno de los grandes ganadores de esa crisis. Pasó de ser una pequeña entidad financiera muy ligada al mundo de la bolsa a convertirse en un actor principal de la banca minorista venezolana, al adquirir al quebrado Banco Unión, uno de los más grandes del país, y posteriormente absorber dos pequeños bancos más, compitiendo con BBVA y Santander en el mercado local, una vez este se abrió a la banca extranjera.

Posteriormente, en la década pasada, siguió la misma estrategia -comprar bancos pequeños o en dificultades- para internacionalizarse en Puerto Rico, Panamá, Colombia y República Dominicana, con la finalidad de evadir el alto riesgo del mercado venezolano.

Controlar los negocios

Fuentes de la entidad financiera señalan que la razón fundamental para la adquisición de NCG es controlar los negocios entre la comunidad gallega de Venezuela y los bancos en España, que tradicionalmente había estado dirigida por dos bancos gallegos, Caixa Galicia (ahora Novagalicia) y Banco Pastor (ahora controlado por el Banco Popular).

Otra razón de peso es que, con la compra, y por apenas mil millones de euros, el grupo triplica su activo total y se posiciona como un actor fundamental en el mercado financiero gallego y del noroeste español.

La compra implica un riesgo, reconocen dentro del banco, pero Juan Carlos Escotet, propietario de Banesco (hijo de españoles y un hombre hecho a sí mismo) siempre insiste en que «parte del negocio bancario es convivir con la incertidumbre».