La burbuja inmobiliaria, que todavía no ha acabado de explotar, fue el detonante de la mayor y más profunda crisis vivida en España
08 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.La burbuja inmobiliaria que comenzó a inflarse allá por 1985 y todavía hoy no ha acabado de explotar fue el detonante de la mayor y más profunda crisis vivida en España -centrémonos en este país- a lo largo de su historia. El bum se cifraba en unos 700.000-800.000 nuevos inmuebles al año, una barbaridad que se financiaba desde Alemania, gran Estado donde los haya. En ese momento, los bancos germanos recomendaban a sus clientes ahorradores comprar bonos de titulización hipotecaria españoles porque no tenían peligro y su rentabilidad era segura.
Pero llegó el crac y España se vio ante el abismo. Pasó junto a Grecia, Irlanda y Portugal (luego se sumó Chipre) a ser uno de los países rescatados. Más de 500.000 millones recibieron en total.
Sin embargo, y pese a la moda de exigir quitas (la última y más llamativa se corresponde con Pescanova, que se fija entre el 75?% y el 90 %), a España se le olvidó pedir una rebaja de la deuda. ¿Por qué no?
Los excesos cometidos en el sector del ladrillo fueron el pecado capital del país. Alemania impuso una dura penitencia que se saldó con drásticos recortes sociales. El paro alcanzó los 6 millones de personas, los estudiantes más capacitados comenzaron su particular exilio, y los abuelos se cansaron de acoger en sus viviendas en propiedad a sus hijos y nietos evitando de esta manera que se fueran a vivir debajo de un puente. Lo hubieran hecho también si el piso fuese en alquiler. Sin duda. Pero también es probable que su pago corriese peligro porque lo primero es lo primero, y lo primero es comer.
Así son las familias españolas, a las que desde el BCE se las acusó de ser más ricas que las alemanas porque tenían pisos en propiedad. Lo decía una sesuda estadística: la riqueza media en España era de 172.000 euros y la de Alemania, 51.000. Se trataba de unos torticeros datos a través de los cuales algún burócrata europeo intentaba explicar que los sangrantes recortes eran una justa penitencia. Ni la política de vivienda en España es la mejor, ni las leyes sobre esta materia son demasiado justas. Ni la dación en pago es la solución de todos los males (aunque sí para los miles de desahuciados), ni tampoco lo es la eliminación de las cláusulas suelo de las hipotecas. Pero pese a todas sus imperfecciones, el modelo de sociedad de España -donde más ciudadanos poseen casas como garantías para su vejez- poco tiene que envidiar al de Alemania, cuyos ciudadanos tienen fuertes sistemas de pensiones obligatorias que no suelen figurar en las estadísticas.