El descenso del paro registrado en Galicia según la EPA, 11.100 personas en el tercer trimestre en relación al anterior, invita a un moderado optimismo sobre el acontecer de nuestra economía. Sin duda, que nuestra comunidad se haya situado como la cuarta por generación de empleo no matiza la gravedad del volumen de desempleados (277.100 personas) que aún existe y el peso que ocupa en el conjunto de la población (21,59 %), así como el número de hogares gallegos que aún tienen a todos sus miembros en paro (89.200). Son realidades que invitan a reflexionar sobre la necesidad de seguir en la senda de las reformas emprendidas, con el objeto de que nuestra economía pueda convertirse de nuevo en motor generador de empleo.
Es verdad que existen ya indicios para confiar en que no tardará mucho tiempo hasta que los parámetros de crecimiento puedan llevar aparejados una creación más intensa de empleo. No es de desdeñar tampoco la creación de 7.7000 empleos en nuestra comunidad, que nos lleva a entender que, aun siendo insuficientes, suponen un primer paso para recuperar el optimismo.
Pero aún a la espera de corroborar la solidez de estos puestos de trabajo en las próximas ediciones de la estadística, o de poder analizarlos bajo la perspectiva de la temporalidad, es bien cierto que la evolución de la economía está dando muestras de seguir una tendencia positiva. Tímidamente, es cierto, pero al alza. Así lo constata el crecimiento del producto interior bruto que, aunque pequeño (0,1 %), ha venido a quebrar la tendencia negativa que llevaba nuestra generación de riqueza.
La ruptura del deterioro que venía siguiendo el mercado laboral en los dos últimos años podría confirmarse también de continuar la dinámica de creación de empresas. Así, el aumento de los empresarios sin asalariados en toda España y los autónomos empleadores podrían hacernos atisbar una motivación de los emprendedores que llama a la esperanza.