Con el techo de gasto, la Xunta se centra en preservar el modelo social sin margen para una política expansiva
19 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Divulgadas ya las grandes cifras, las cuentas autonómicas de Galicia para el 2014, las quintas bajo la presidencia de Feijoo, tienen ante todo una característica: su continuismo. Son unos presupuestos sin grandes cambios en sus pilares, cimentados sobre el objetivo irrenunciable del equilibrio y con un margen de maniobra acotado por el techo de gasto y el objetivo de déficit. El mensaje que se traslada es claro: sin orden en las cuentas jamás habrá crecimiento.
¿Qué cambios tienen alguna relevancia?
Por vez primera desde que se inicia la recesión, el cuadro macroeconómico prevé un crecimiento de la economía y una bajada del paro. Y se trata de las cuentas públicas autonómicas que registran un decrecimiento menor desde que el presidente Feijoo llegó a la Xunta en el año 2009.
¿Son creíbles las previsiones?
Con el escenario trazado por las instituciones internacionales y otros organismos económicos se trata de un horizonte posible. De cumplirse, permitiría a Galicia avanzar en la convergencia económica con la media española. La previsión es que la comunidad gallega crezca el 0,8 % y el resto del Estado el 0,7 %. Este año todo apunta a que la comunidad cerrará con una caída en su producto interior bruto del 1,2 %, una décima menos que la prevista de media en España.
¿Qué reflejan las cifras para el 2014?
Como aspecto positivo, certifican el fin de la recesión. Pero que se salga de una recesión no significa que se abandone la crisis. Y prueba de ello es que se prevé cerrar el 2014 con una tasa de paro del 21,7 %, cuatro puntos menos que la media española, pero que deja el mercado laboral todavía en una situación de enorme emergencia social.
¿Por qué gana peso el gasto social?
El presupuesto del 2014, como los de años precedentes, reflejan una voluntad del Ejecutivo gallego por mantener el gasto social, frente a quienes sostienen que asistimos a una demolición completa de toda la sanidad y la educación pública, pese a existir recortes por la caída de ingresos. Sin embargo, de este análisis se desprende otra lectura: el peso de lo que se destina a gasto social crece en relación a las cuentas, un año más, porque cada vez hay menos dinero para el resto de las partidas. Gran parte del gasto corriente en sanidad y educación se come el presupuesto. Y eso también tiene un precio alto en tiempos de crisis: reducir todo lo demás.
¿Hay margen para una política de crecimiento?
Muy escaso. El llamado fondo de crecimiento, dotado con 412 millones de euros, es en realidad un ejercicio de nominalismo, de reagrupamiento de partidas ya existentes. Es decir, no se trata de nuevos recursos que permitan impulsar una estrategia expansiva en la que el sector público ayude a dinamizar un sector privado contraído por la crisis. Desde este punto de vista, tras los Orzamentos de la Xunta hay más un ejercicio de práctica contable para atender los compromisos de pago que una estrategia de política macroeconómica. El techo de gasto y el cumplimiento de los objetivos de déficit limita cualquier margen de maniobra del Gobierno gallego.
¿Qué impacto tienen los cambios fiscales?
Desde el punto de vista cuantitativo son irrelevantes. Por un lado, la Xunta aumenta sus ingresos por el céntimo sanitario en 53 millones de euros y, por otro, los reduce en una cantidad algo inferior con la bajada en el IRPF para bases liquidables inferiores a los 17.700 euros. En este sentido, el cambio anunciado el martes en el impuesto sobre la renta, cuyo impacto serán aproximadamente 60 euros anuales de media, podría parecer una medida diseñada para mitigar la impopularidad del incremento del céntimo sanitario. Desde el punto de vista empresarial sí hay algunos cambios relevantes: el tipo impositivo del impuesto de transmisiones en las autorizaciones de parques eólicos, que tenía el actual concurso bloqueado, pasa del 4 al 0,3 %, una medida saludada por la EGA, la patronal del sector.