Todos los aspirantes a una plaza que llevaban desde el lunes soportaron la espera
08 nov 2012 . Actualizado a las 11:24 h.La multinacional alemana SGL Carbón ya tiene sobre la bandeja del departamento de recursos humanos el nombre de sesenta «jabatos». Porque así se reconocen y porque no tiene otro nombre quien se pasa dos días con sus noches a la intemperie para entregar un currículo, sabiendo que el 98,3 % de los aspirantes se quedarán fuera. Porque solo quieren a uno. Al mejor. Al que saque la mejor nota del examen al que están convocados el próximo día 15 en una academia de A Coruña.
Los puntuales aspirantes fueron entrando de uno en uno ayer en una oficina habilitada en el Hotel Ciudad de La Coruña para recibir sus currículos. A cambio les entregaron una hoja en la que se exponían las exigencias de la empresa contratante y las materias que entrarán en el examen. Piden que el postulante tenga la ESO o un grado medio de FP, aparte del carné de conducir clase B. En cuanto a la prueba a la que se tendrán que enfrentar, les informaron de que tendrá una parte teórica, con cuestiones relativas a matemáticas (proporciones, reparto proporcional, móviles, mezclas y geometría), estadística (interpretación y resumen de datos), física (fuerzas, desplazamientos, electricidad, dilatación y energía) y dibujo (representación de vistas). Habrá también una serie de preguntas sobre seguridad laboral y cargas, para finalizar la prueba con un test psicotécnico.
Lo mejor de todo es que en el papel entregado a los aspirantes no se expone que solo es una plaza la que está en juego. Se dice que «se considerarán aptos todos aquellos que superen el 55 % de la prueba». Pero según fuentes de la empresa, eso no quiere decir que todos los que superen ese corte empezarán a trabajar al día siguiente. Precisan que sus nombres quedarán guardados y si en la factoría se produce alguna baja, contarán con ellos. Y añaden que esta prueba de selección tiene una vigencia de un año.
Las caras de los solicitantes ayer por la mañana eran un poema. El que más durmió en las últimas 48 horas no pasó de una cabezadita de una hora. «En una acera no se puede pegar ojo», maldecía uno de ellos. «Demostramos que los sesenta nos merecemos el puesto», decía otro.
Allí estaba Sergio Manteiga, que llegó tarde por los pelos. Y eso que se presentó a las puertas del Hotel Ciudad de La Coruña el lunes a las cuatro de la tarde cuando la cita era a las nueve de la mañana de ayer. Pero solo estuvo 41 horas a la intemperie y los sesenta que le precedieron estuvieron algunos minutos más. Aun así, este joven que lleva en paro desde agosto se quedó. Le dijeron que ya estaban los sesenta que pedía la empresa contratante y le dieron el número 61. En caso de que alguien desfalleciera en la espera, entraría. Pero nadie desfalleció. Todos aguantaron.
A pesar de lo que pasaron, nadie dijo una palabra más alta que la otra por el método que tiene esta empresa de seleccionar a su personal. Solo sueñan. Sueñan con poder entrar «en una casa que paga muy bien; que además no echan a nadie ni atraviesan crisis alguna». Solo uno lo verá.