Xóvenes Agricultores espera ayudas para pagar sueldos atrasados
02 nov 2012 . Actualizado a las 06:00 h.Cuando Francisco Bello entra cada mañana en la sede que Xóvenes Agricultores tiene en Santiago siempre suele escuchar la misma pregunta. «¿Se sabe algo?». Y antes de sacarse la chaqueta y colgarla en el perchero, el secretario xeral de la organización, con suma paciencia, responde. «Estamos en ello, de verdad, ya falta poco». Así es como suele comenzar cada día de trabajo en la sede, donde el personal, el poco que queda ya, lleva ya casi medio año sin cobrar sus sueldos. Otros muchos decidieron irse al paro, arrinconados por la falta de liquidez para poder así afrontar los pagos.
Cada una de las historias que hay dentro de esas paredes es un estremecedor drama, pero la decena de empleados que allí permanecen, con una fe inquebrantable, confían en que se enderece el rumbo. Como si se tratara de un grupo de náufragos en un barco a la deriva, el personal empuja con sus propios brazos. Pero sin cobrar ni un céntimo. Y Francisco Bello parece por fin avistar tierra. «En breve creo que podremos pagar las nóminas atrasadas y pronto estaremos saneados».
El secretario es quien da la cara. Y relata unas miserias inimaginables para muchos, casos con nombres y apellidos, cuyos protagonistas prefieren refugiarse en el anonimato. Bello recuerda cómo alguien del sindicato, sin decir quien, ha llegado a responder con su patrimonio personal para que un empleado, con dos hijos, pudiese afrontar las letras de la hipoteca. O el caso de otro trabajador, con un dependiente a su cargo y que tenía contratada en casa una mujer para que lo atendiera. Al no cobrar su sueldo, con el que pagaba al cuidador, tuvo que pedir ayuda a los compañeros. «Mucho del dinero que hemos ido recibiendo se ha ido a tapar parches, a solucionar los casos más urgentes y dramáticos. Y ha habido compañeros, con mucha solidaridad, que lo han entendido», puntualiza Bello. Xóvenes tiene pendiente de cobrar de la Xunta poco más de 100.000 euros de una partida que no hace mucho era hasta tres veces superior.
Su caso constituye un ejemplo de manual de cómo engorda una estructura en tiempos de bonanza y alegría al calor de las ayudas. Y cómo cuando llegan los recortes, la organización sindical adelgaza bruscamente de forma repentina, como quien cae muy enfermo. «A nosotros no nos queda otra que adaptarnos a la realidad, buscar nuevas vías de financiación y salir adelante, pero cumplimos una función en el campo y eso no debe olvidarse».
En algunos momentos, Francisco Bello parece emocionarse. Nadie hubiera imaginado hace cinco o seis años que se llegaría a una situación tan dramática. Pero esta crisis, tan devastadora, se obstina en hacer añicos todo lo que toca. Y en dejar una enseñanza. Nadie está a salvo.
los efectos de los recortes de los fondos públicos