Tan mal están en el campo las cuestiones económicas que cada día queda menos personal dedicado a unas labores que, por poco valoradas, no dejan de ser importantes. Arias Cañete asegura que el sector tiene ante sí un futuro espectacular. Las exportaciones son, a entender del ministro, la clave. Teniendo en cuenta que el precio que les paga la industria a los ganaderos por la leche que producen ronda el listón de hace ya 20 o 25 años, con lo que ni tan siquiera cubren los costes de producción, es previsible que dentro de una década (un par de décadas a lo sumo) ya no exista nadie tan loco como para seguir con el negocio.
Serán en ese momento las grandes empresas de distribución las que recojan el testigo. Ellas impondrán el precio del litro de leche a los consumidores de toda Europa y entonces a los niños habrá que explicarles qué son las vacas.