No es un rescate, sino otra línea de crédito


Después de que promotores y constructores, respaldados por financieros y políticos, hinchasen a placer la burbuja especulativa de las urbanizaciones, las millas de oro, autovías urbanas, el mayor tendido de alta velocidad del mundo, aeropuertos de diseño, megacentros culturales vacíos? En fin, todo aquello que rodea al ladrillo, las parcelas y el cemento; después de todo eso -decía- vimos cómo Bankia y Valencia dinamitaban la credibilidad del Estado y del Banco de España. Eso después de llevarse por delante a todo un exdirector del FMI. No por casualidad. Pero como Bankias y Valencias tenemos muchas otras a lo largo del país, es por eso que a la línea de crédito de cien mil millones vamos a tener que añadir otros 300.000 para que Estado y comunidades no se declaren en suspensión de pagos. Porque la debacle de la burbuja nos ha llevado a una doble recesión, con ello a un desplome de los ingresos públicos, a unos gastos para desempleo gigantescos y a un bloqueo acelerado de nuestra financiación exterior.

De manera que para sanear -y liquidar- a unas y para, al menos, refinanciar las deudas acumuladas por las otras, los preclaros padres de la patria nos han colocado -a todos- a los pies de los acreedores, representados por la troika y sus memorandos. ¿Qué podemos esperar ahora de nuestros verdaderos dueños y gobernantes?

Serán intocables, y prioritarios, los gastos públicos para pagar los intereses de la deuda y las amortizaciones. Se harán aflorar todos los riesgos de nuestro sistema financiero, pasando a un banco malo los activos tóxicos a un precio superior al de mercado; las eventuales pérdidas supondrán más deuda pública y más intereses.

Con una prolongada recesión por delante, el cumplimiento de los objetivos de déficit obligará a suprimir ayuntamientos y diputaciones, a pagar de manera creciente por los servicios públicos (incluidas autovías hoy gratuitas), y a reducir los gastos en pensiones y en empleos.

De forma paralela se forzará la privatización a precio de saldo de todos los recursos y empresas públicas. Debemos, además, esperar que no se fíen en absoluto de nuestra clase dirigente (financiera y política) y que, bien al contrario, no tengan ningún reparo en diluir al máximo el autogobierno y la autonomía empresarial españolas. Así será cómo nuestros ilustres capitanes del ladrillo, de la poltrona y del capitalismo de amiguetes habrán convertido a España en un protectorado de Fráncfort y del FMI. Firmando dos simples líneas de crédito.

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