Ala mayoría de los gallegos no les hace falta tener una bola de cristal para entender que el rescate de la Unión Europea a la banca la pagarán todos los ciudadanos españoles. Entiendo que será (perdón va a ser) así. Me explico, aunque las condiciones del rescate todavía no se conocen y presuponiendo que las entidades rescatadas tendrán que abonar unos intereses entre el 7 y el 8 %, lo cierto es que, a cambio de los 100.000 millones que Bruselas está dispuesta a inyectar, se exigirán fuertes sacrificios: subida del IVA, rebaja de salarios, despidos masivos entre los empleados públicos, copago farmacéutico, más impuestos «verdes», eliminación de la paga de Navidad entre los trabajadores de las distintas Administraciones, etcétera, etcétera, etcétera.
En definitiva, el rescate lo pagaremos todos.
Ante la dureza de los recortes, lo lógico es hacerse la siguiente reflexión: ¿Por qué no se deja caer a la banca? ¿Por qué hay que rescatarla? Expertos en la materia explican que la generación de riqueza por parte de la banca por cada céntimo de euro que presta es proporcional a la destrucción de la misma riqueza en una sociedad que carezca de sistema financiero. Por lo tanto, parece que el rescate desde esta perspectiva es obligado. Por el bien de toda la sociedad.
Ahora bien esa misma sociedad tiene derecho a conocer quién, cómo y por qué cometió unos errores que están llevando al traste el Estado de bienestar.