«Ya no valoro ejercer mi profesión»

Fina Ulloa
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ECONOMÍA

Su primer trabajo fue a través de una ETT como reponedora en un supermercado cuando todavía estaba estudiando Filología Hispánica. Se licenció en el 2000 y desde entonces nunca ha estado parada más de dos meses, pero tampoco ha logrado un empleo que le dé la estabilidad suficiente para sacar adelante su proyecto de vida.

Su currículo laboral es un rosario de casi una década de contratos temporales, sin contar con la primera academia en la que estuvo sin ningún acuerdo contractual «porque me dijeron que era para ver si valía», recuerda. Antes de que decidieran si era o no apta, otra academia se interesó por ella, y le ofreció un contrato por horas, que en algunos meses le reportaban 100 o 200 euros. Ahí fue cuando se planteó que tenía que olvidar su objetivo profesional y ser más pragmática.

Una tienda de ropa deportiva, en la que llegó a cobrar 630 euros, fue su siguiente y más estable opción; pero una empresa textil que le proponía mejor sueldo y un horario continuo que le permitía volver a prepararse para las oposiciones le llevó a cambiar.

«Desgraciadamente ahí empezó la crisis y las que teníamos contrato por obra fuimos las primeras en salir», lamenta. Hoy, con 35 años, asegura que ya no le queda mucho de su sueño vocacional. «Ya no valoro ejercer mi profesión, me conformo con tener un trabajo estable que me permita tener mi vida; el tiempo pasa y si quieres tener hijos y pagar la hipoteca...». Veridiana no cree que el hecho de ser mujer le haya perjudicado en sus contratos, aunque afirma que condiciona la trayectoria «porque, por educación, la mujer se siente más presionada y le cuesta más depender de los padres, y luego pesa el reloj biológico». A su entender, ese sentido de la responsabilidad lleva a aceptar puestos de menor nivel «y desde que entras en esa dinámica es difícil renunciar». Está convencida de que la realidad del mercado no permite conciliar la vida familiar «porque los horarios son muy rígidos».