Está acabando el partido y vamos perdiendo. Nuestra única esperanza es marcar y forzar la prórroga. Esa es la sensación que se vivió el jueves en la colocación de obligaciones a 10 años. El Tesoro tuvo que ofrecer un rendimiento del 6,97 % para captar 3.500 millones de euros. Para que nos hagamos una idea de la tragedia, deberemos pagar en intereses 175 millones de euros anuales más que Alemania. Para toda la vida de la emisión el sobrecoste sería de 1.750 millones. Esta cantidad es muy superior a los recortes que han acometido muchas comunidades autónomas este año en sus presupuestos, y estamos considerando únicamente la emisión del jueves. Si extrapolamos los resultados a cada una de las dos emisiones mensuales de bonos-obligaciones y de letras que efectúa el Tesoro, el resultado es dramático.
¿Quiere decir esto que España puede dejar de ser solvente? No por el momento, pero si tenemos que seguir financiándonos a estos tipos la situación se volverá insostenible. Y se da esta circunstancia a tres días de las elecciones, con un Gobierno en situación de interinidad que no traspasará poderes hasta bien entrado diciembre.
Nos han cogido en fuera de juego. En el lado positivo está que nuestra deuda pública asciende al 65 % del PIB. No es demasiado elevada en comparación con la de nuestros vecinos, Alemania incluida, aunque lo preocupante es la velocidad a la que ha crecido en los últimos años. El monto total es de 700.000 millones de euros y el coste medio de algo menos del 4 %, es decir, pagamos 28.000 millones de euros de intereses al año, un 2,5 % del PIB, porcentaje que irá en aumento si no conseguimos reducir la prima de riesgo.
El BCE debería parar el partido y frenar la sangría comprando bonos en el mercado secundario hasta que la presión ceda. O convencer a los países centrales de Europa para que vayamos a un sistema de emisiones de deuda conjuntas. No queda otra.
En el pasado Mundial conseguimos ganar a Alemania. Ahora vamos perdiendo por goleada y encima tenemos a todo el equipo titular en el banquillo.