«Estuvo activa hasta el último día»

Carmela Arias no dejó de visitar la Fundación Barrié hasta la semana pasada; lo que más le preocupaba era que Galicia siguiera siendo competitiva en un mundo global


Lo que más preocupó a Carmela Arias y Díaz de Rábago en los últimos meses de su vida era que Galicia siguiera siendo competitiva en el mundo globalizado actual. La Condesa de Fenosa no dejó de acudir a su despacho de la Fundación Barrié, en el Cantón Grande coruñés, hasta la semana pasada, y siguió al tanto de la actividad de este organismo, y de lo que ocurría en el Banco Pastor, hasta sus últimos días. Al menos una vez por semana comía con el presidente de la entidad, su sobrino José María Arias Mosquera, revisaba la correspondencia y se ocupaba de responder a las decenas de asociaciones que dependen económicamente del apoyo de la Fundación Barrié.

«No murió de enfermedad, sino de lo que se muere la gente a esta edad. Estuvo activa hasta el último día», explicaba ayer una persona próxima a su círculo más cercano. El Pastor, asegura esta fuente, no tomaba ni una sola decisión estratégica sin informar antes a su presidenta de honor.

Del blanco y negro al color

Fue la tónica general de los últimos ocho años. Cumplidos los treinta de mandato, en el 2001 Carmela Arias renunció a su cargo al frente del consejo de administración del banco, tras designar sucesor a José María Arias, hasta entonces vicepresidente de la entidad junto a su hermano Vicente. Fue el fin de una etapa, una metamorfosis que llevó al séptimo banco español del blanco y negro al color.

En las tres décadas al frente del Pastor, la condesa de Fenosa puso en marcha la gran expansión geográfica de la entidad, apostó por la profesionalización de la gestión, con el fichaje de directivos de fuera de Galicia, y dio el primer empujón a la modernización tecnológica del banco. A cambio pagó un precio. «Sacrificó propiedad por crecimiento», explica un profesional conocedor de aquellos años. A diferencia de la gestión efectuada por su marido -que dirigió el banco en una economía básicamente autárquica-, a Carmela Arias le tocó lidiar con tres graves crisis macroeconómicas, la del petróleo en 1973, la que experimentó España durante la Transición, y la de mediados de los noventa.

Fueron años difíciles, en los que se sacó el banco a Bolsa y se comenzaron a vender las primeras participaciones industriales del emporio creado por Pedro Barrié. En 1982 fusionó Fenosa con Unión Madrileña, y en 1993 se deshizo de Gas Madrid.

Su apuesta por externalizar la gestión se tradujo en el nombramiento como consejero delegado de Guillermo Fernández de la Dehesa, que hizo la transición hasta la llegada a la vicepresidencia de José María Arias. Los esfuerzos se centraron entonces en el sector financiero. Bajo el mandato de Carmela Arias el Pastor implantó su servicio de tarjetas de crédito, lanzó el primer servicio de banca a distancia y abrió la cartera de productos no estrictamente bancarios, como ocurrió con el nacimiento de la aseguradora Pastor Vida. La obsesión, más negocio bancario y menos aventura empresarial, se ha mantenido hasta la fecha, ya bajo la presidencia de José María Arias.

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