Mientras el paro empobrece a los ciudadanos y las cifras del PIB muestran toda la crudeza de la recesión, varios Gobiernos -incluido el español- y los responsables de las principales autoridades monetarias del planeta hablan ya de los primeros rayos de esperanza. Algunas señales -desaceleración en el ritmo de caída de las exportaciones, contención de los precios, recuperación de la tasa de ahorro...- apoyan sus tesis. Por encima de todas ellas sobresalen los indicios de una quizás más que incipiente vuelta a la normalidad de los mercados financieros. Y a estas alturas a nadie se le escapa ya que la salida de esta enrevesada recesión pasa necesariamente por la normalización del sistema bancario.
Así, a lo largo de estos últimos meses se ha reducido considerablemente el tipo de interés real del mercado (la media mensual del euríbor está ahora en el 1,694%, su mínimo histórico, cuando en los peores momentos de la tormenta llegó a franquear la barrera del 5,5%), han bajado considerablemente las primas de riesgo del dinero que se prestan las entidades entre sí (hasta niveles previos a la caída de Lehman Brothers), y los bancos han recortado considerablemente la cantidad de fondos depositada en las cuentas del BCE.
Las bolsas, por su parte, también parecen haber dejado atrás lo peor de la crisis. De hecho, acumulan subidas medias de entre el 25 y el 30% desde comienzos de marzo, cuando el pánico dominaba el ánimo de los inversores. En el caso del Ibex, la ganancia atesorada es del 37%.
Pero, por el momento, es prácticamente imposible encontrar a un analista que se atreva a afirmar que no va a haber recaídas. Lo que sí aseguran la mayoría de los expertos con rotundidad es que esta mejoría financiera tardará tiempo en trasladarse a la economía real. De la misma forma que cuando en el verano del 2007 los mercados comenzaron a barruntar la tormenta que se avecinaba y a reflejarlo con caída, y la espita de los préstamos empezó a cerrarse, los datos macroeconómicos tardaron en recogerlo. Para que el PIB y el paro mejoren es fundamental que el crédito vuelva a fluir y esto no sucederá hasta que la banca, sobre todo la estadounidense, recupere totalmente el pulso.