Los datos estadísticos que obran en poder del IGE muestran que son las empleadas gallegas las que cargan con gran parte del trabajo doméstico y las que tienen mayores dificultades para conciliar la vida familiar y laboral. Si se analiza el cuidado de mayores dependientes, la brecha de género es aún más abultada.
Hace ya algo más de un año que entró en vigor la Lei do Traballo en Igualdade para que las trabajadoras gallegas tengan las mismas oportunidades que sus compañeros. La norma, entre otras cosas, busca que las mujeres dejen de sufrir la segregación horizontal, que consiste en que suelen ser ocupadas en labores que constituyen prolongaciones de las tareas realizadas en el ámbito doméstico, en esta ocasión retribuidas, pero con un salario normalmente muy inferior al correspondiente en trabajos de igual valor realizados mayoritariamente por hombres. También actúa contra la segregación vertical, que hace que los hombres ocupen los puestos más cualificados, mejor pagados y con mayor significación jerárquica. Son empleos con un perfil básicamente masculino que hacen que la pirámide de trabajo esté ocupada en la base de forma mayoritariamente por mujeres, que perciben salarios más bajos.