El millonario fraude protagonizado por Jérôme Kerviel ha situado al presidente de Société Générale, Daniel Bouton, en el ojo del huracán, una situación que ya ha vivido otras veces desde su llegada al banco hace un decenio. A sus 57 años, Bouton debe librar una nueva batalla y desmentir las declaraciones de los abogados de Kerviel, quienes aseguran que ha levantado una «cortina de humo» para disimular otras pérdidas. Bouton, que figura entre los patrones mejor pagados de las empresas que cotizan en Bolsa con un salario de 3,3 millones de euros, se autodefine como una «máquina de tomar decisiones». El de la semana pasada no es el primer revés que sufre de estas características. El último de ellos fue en el 2002, cuando fue detenido provisionalmente e inculpado por blanqueo de dinero en un asunto de tráfico de cheques entre Francia e Israel en el que estaban implicados varios dirigentes de su banco y de otras entidades. El juicio comenzará la próxima semana en París. Nacido en una familia humilde, Bouton fue un estudiante brillante que se convirtió en inspector de finanzas a los 23 años y en director de gabinete del entonces ministro del Presupuesto, Alain Juppé, recién cumplidos los 36. En 1991 dio el salto al mundo empresarial al ser elegido director de la Société Générale, que acababa de ser privatizada. Feroz competidor En noviembre del 1997, reemplazó a Marc Viénot en la presidencia de este grupo. En aquel momento, Société Générale era el primer banco comercial de Francia y Bouton no dudó en iniciar acciones judiciales contra Crédit Lyonnais, al borde de la quiebra, para denunciar las maniobras del Estado para salvarlo de la hecatombe. Pero el viento cambió y las tormentas de los mercados asiáticos, sumadas a la crisis rusa golpearon a todos los bancos sin excepción. «Magnífica máquina intelectual», según sus compañeros de trabajo, Bouton libró en 1999 una batalla bursátil inédita contra BNP, la primera entidad de Francia, que quería crear con Société Générale y Paribas un gigante financiero. Bouton siempre ha reivindicado su derecho a preservar la identidad del banco y a no asociarse con otros. Administrador de Total y de Veolia Medio Ambiente, el jefe de Société Générale no esconde sus ideas liberales a favor de una autorregulación del mercado. A quien le pregunta si su entidad corre el riesgo de ser objeto de una opa, Bouton le suele responder que su «mejor defensa es su precio en la Bolsa». En el 2006, cuando el patriotismo económico vivía su momento de apogeo en Francia, Société Générale no tuvo escrúpulos en aconsejar y financiar al número uno mundial del acero, Mittal Steel, en su proyecto de opa sobre la gala Arcelor.