Los inversores se refugian en el oro, que ronda los máximos de 1996

Mercedes Mora REDACCIÓN

ECONOMÍA

La Bolsa se encamina hacia su primer ejercicio de ganancias tras tres años consecutivos de sequía La debilidad del dólar ha dado alas a la cotización del metal amarillo.

13 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

El dólar ha perdido, momentáneamente al menos, su tradicional papel de valor refugio ante los mercados financieros. Su caída en picado -se encuentra en mínimos históricos frente al euro y en el nivel más bajo desde 1992 frente a la libra esterlina- ha dado alas a la cotización del oro, otro de los fortines preferidos por la inversión en tiempos de inestabilidad. Desde comienzos de año, el precio de la onza de oro troy (que equivale a unos 31 gramos) se ha revalorizado casi un 20%, hasta alcanzar esta semana los 409 dólares, tan sólo un 2% por debajo de los 417,7 dólares de los máximos establecidos en 1996. De superar este listón, el nuevo techo de la cotización del oro habría que buscarlo en mayo de 1990. El origen de la escalada Aunque el auténtico despegue del precio del metal amarillo se produjo a comienzos de este año, lo cierto es que la tendencia alcista comenzó a fraguarse en el 2000, coincidiendo con el inicio de la caída del dólar y la crisis de los mercados bursátiles. Desde enero pasado, el precio medio de la onza se sitúa en torno a los 351 dólares, un 13% por encima de los 310 dólares del 2002 y un 30% sobre los 270 dólares de la cotización media del 2001. Durante esos tres años, la debilidad del dólar no ha hecho sino acentuarse, a medida que crecían los problemas de la economía estadounidense para hacer frente a su elevado déficit (tanto fiscal como comercial). Por el contrario, las bolsas han conseguido salir del túnel. Esta misma semana, el principal indicador del mercado de valores español -el ?Ibex 35- ha vuelto a marcar los niveles más altos del año y se prepara para cerrar el primer ejercicio de ganancias después de tres años consecutivos de pérdidas. Desde enero, este indicador acumula una revalorización del 23,15%. Tras tres ejercicios de sequía, son muchos los inversores y gestores que se dan por satisfechos con este resultado, que supera con creces las rentabilidades que se obtienen invirtiendo en renta fija o en productos bancarios tradicionales. De hecho, la subida acumulada por el Ibex sólo es comparable a la atesorada por el desmadrado mercado inmobiliario (un 17% aproximadamente). Por ello, los analistas no esperan grandes sorpresas del tramo final del ejercicio. Y es que son pocos los que están dispuestos a asumir más riesgos, porque, si bien es cierto que este año ha sido bueno para la Bolsa, no lo es menos que durante buena parte del año, y aún hoy, los inversores viven con el corazón -y el bolsillo- en un puño. La guerra contra Irak, las incertidumbres sobre el despegue de las principales economías del mundo, la debilidad del dólar y la aparición en escena de nuevos escándalos financieros sólo han sido superados gracias a los deseos de sacar rendimiento de nuevo a un maná que se agotó en el 2000. Tensiones sobre el crudo Otro de los factores que ha mantenido a los inversores con el alma en vilo durante buena parte del ejercicio es el encarecimiento de los precios del petróleo. En lo que va de año, la cotización del barril de crudo brent -el de referencia en Europa- ha rebasado en diferentes ocasiones la barrera de los 30 dólares. La última vez esta misma semana. En cualquier caso, la fortaleza del euro amortigua los efectos de la escalada en Europa, ya que la factura se paga en dólares.