La fragilidad del eje París-Berlín

Samuel Parra REDACCIÓN

ECONOMÍA

Las economías alemana y francesa han entrado de lleno en el túnel, acuciadas por el déficit público

26 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Los datos confirman que las economías alemana y francesa están en el túnel. Ayer las autoridades germanas reconocieron que, en el 2002, las cuentas públicas acusaron un déficit del 3,6%; mientras que también ayer y en París, aunque a falta de evaluación definitiva, el portavoz de la mayoría parlamentaria de Gobierno, Pierre Barrot, admitía que durante el año pasado el déficit superó con creces (se habla de cuatro décimas) el límite establecido en el pacto de estabilidad de la Unión Europea (UE). 1 ¿Por qué renquean las economías gala y germana? Influyen decenas de factores, algunos aparentemente nimios, como por ejemplo el empeño de unos y otros, derecha e izquierda, en reducir impuestos para ganar votos. Pero, a decir de ambos Gobiernos, el crecimiento económico es débil a causa, sobre todo, de la tensa situación política internacional, del alza del precio del petróleo, de la caída de las exportaciones (aspecto este singularmente grave en Alemania) y, en el caso francés, también debido a la herencia dejada por el Gobierno del socialdemócrata Lionel Jospin, según insiste el nuevo primer ministro, el centrista Jean Pierre Raffarin. 2 ¿Hay crisis o se trata de un episodio puntual? «El sistema siempre está en crisis», comentó recientemente el presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, «porque en las economías de libre mercado el equilibrio y la inestabilidad son complementarios», remachó. Crisis es un término inadecuado. Lo que hay, en esto coinciden todos los analistas, es miedo escénico entre los dirigentes y los empresarios, pues la amenaza de guerra retrasa las decisiones; a lo que en Europa cabe añadir los prolongados efectos de una unión monetaria que obliga a revisar los valores productivos y los financieros. 3 ¿Es contagiosa la situación franco-alemana? Sólo en parte. Alemania y Francia, junto al Reino Unido y Holanda, acusan siempre con mayor contundencia las alteraciones financieras de orden transnacional, pues son economías muy dinámicas y abiertas a los avatares internacionales. Por contra, Irlanda y España (y en menor medida Portugal) son las que menos sufren las incertidumbres político-financieras externas, en parte porque en ambos países perviven hábitos e incluso normas económicas de sesgo autárquico. En el caso español, ese ligero y puntualmente beneficioso aislamiento persistirá sea cual sea la posición del Gobierno en el conflicto iraquí. Cosa bien distinta ocurre en Francia y Alemania, cuyas grandes corporaciones, incluidas las de propiedad pública, se juegan elevados intereses en territorios y en sectores industriales que se verán directa o indirectamente implicados en una posible guerra.