DOMINGO GARCÍA COTO OPINIÓN
28 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El euro es ya una realidad desde hace tres años. Las bolsas y mercados financieros de los países que forman parte de la moneda única han estado operando en la moneda europea desde el inicio del año 1999. Los millones de accionistas de empresas como Telefónica, Repsol, Inditex, y centenares más ya se han olvidado de los precios en pesetas de las acciones y ya fijan sus referencias de compra y venta en euros con la mayor naturalidad. Así lo haremos a partir del 1 de enero con todos los bienes y servicios que intercambiamos en nuestra vida cotidiana. Todos hemos salido ganando con la transformación sufrida por las bolsas y ganaremos también con la plena entrada en funcionamiento del euro. El euro como elemento integrador y símbolo de estabilidad y unidad ha sido factor esencial en las transformaciones sufridas por los mercados financieros europeos durante los últimos años. Para el inversor, individual e institucional, se ha simplificado enormemente la selección de alternativas de inversión: las acciones de las principales compañías europeas se negocian en euros, no hay riesgo de cambio de divisa, el acceso a otros mercados es más sencillo y los costes de transacción se reducen. Alternativas de financiación Para las empresas, se han ampliado las alternativas de financiación: el mercado de capitales es más eficiente, se han hecho mas atractivas y fáciles las salidas a Bolsa en Europa y se pueden aprovechar mejor las ventajas de la integración empresarial, lo que hará, sin duda, que las alianzas y fusiones tengan un papel primordial como medio para competir. Para los mercados e intermediarios financieros europeos, cuya tarea primordial es satisfacer las necesidades de emisores e inversores, se ha avanzado hacia una mayor coordinación operativa, hay movimientos de integración e interconexión en el marco de las mejoras de competitividad y han aumentado las oportunidades para una amplia distribución de servicios financieros y de gestión de activos. Sin duda, los cambios han sido muchos y profundos, algunos apenas esbozados. Pero deben ser, y serán, todavía más importantes. El sector financiero ha actuado como timón de proa y el barco ha navegado deprisa. La verdadera travesía comenzará el 1 de enero, pero ya contamos con una tripulación experimentada.