Las fracciones del euro serán fundamentales para evitar redondeos abusivos y ajustar los nuevos precios a los actuales Un euro equivale a 166,386 pesetas. Ahora bien, ¿qué valor tiene un céntimo? Su traducción es 1,66 pesetas. Esta pequeña cantidad se convertirá a partir de enero en la unidad mínima de pago. Su importancia es crucial, ya que permitirá ajustar los precios en euros al valor actual en pesetas. Resulta fundamental que se acostumbre a darle importancia a los céntimos. Si no lo hace, corre el riesgo de que cada redondeo se convierta en una sangrante pérdida de dinero. Por ello, los colectivos de consumidores le recomiendan que exija la traducción exacta del precio, más allá de la comodidad que supone utilizar menos monedas.
22 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Han pasado décadas desde que el céntimo desapareció de las carteras españolas. Para los más jóvenes, estas unidades suenan a historietas narradas por padres y abuelos. Ahora, regresan del pasado para convertirse en la forma de pago del futuro. El próximo 1 de enero su cartera se verá poblada por seis monedas inferiores a un euro: las de un céntimo (1,66 pesetas), dos céntimos (3,33 pesetas), cinco céntimos (8,32 pesetas), diez céntimos (16,64 pesetas), veinte céntimos (33,28 pesetas) y cincuenta céntimos (83,19 pesetas). Pese a los consejos de los observatorios y organizaciones de consumo, lo más probable es que las dos primeras monedas, las de menor valor, sean consideradas intrascendentes por los españoles. Lo mismo pasó hace un lustro con las dos pesetas y ocurre en la actualidad con la peseta. Por su parte, la de cinco céntimos está llamada a ocupar el amplio hueco que dejarán el duro y la moneda de diez, mientras que la de cincuenta céntimos se convertirá en la referencia más cercana a las cien pesetas. Adiós a los cinco «duros» Uno de los desajustes más graves vendrá de la mano de la extinción de los cinco duros, una de las formas de pago habituales entre los españoles. En este caso, las monedas más parecidas son las de diez céntimos (16,64 pesetas) y veinte céntimos (33,28 pesetas). Estos cambios provocarán modificaciones del valor de muchos productos. Resulta difícil pensar que, por ejemplo, un chicle, que ahora cuesta un duro, vaya a pagarse a tres céntimos de euro a partir de enero, ya que supondría la utilización de una moneda de céntimo y otra de dos céntimos para una transacción tan simple. Sin embargo, por engorroso que parezca, la mejor opción para los consumidores es exigir que la traducción de los precios sea exacta. Piense en las 150 pesetas que le cobran, más o menos, por un café. Con el euro, esa cantidad equivaldrá a 90 céntimos, es decir, una moneda de cincuenta y dos de veinte. No obstante, si como consumidor se deja llevar por la reducción de monedas, acabará pagando un euro -16 pesetas más por el mismo café-. Esto también le ocurrirá cuando quiera comprar un pastel, una revista o un bolígrafo. Por ello, los colectivos de consumidores le recomiendan que no ceda ante este tipo de redondeos aberrantes, que acabarán por afanarle unos valiosos céntimos en cada compra.