Tanto en Galicia como en Portugal la carrera para poner en marcha una empresa comienza con el certificado de conformidad del nombre de la compañía, un documento notarial que sirve para evitar engorrosas duplicidades de denominación. En el caso de Portugal, para conseguir este certificado hay que depositar el capital social en un banco, proceso que puede llevar unas tres semanas. Después, se constituye la sociedad ante notario, proceso con el que se puede llegar a la quinta semana. El siguiente paso es obtener la declaración de comienzo de actividades en la oficina de impuestos locales del área donde se encuentra la oficina central. Alta en el registro A continuación hay que dar de alta la empresa en el registro denominado Conservatoria do Registro Comercial. Este trámite es lento y puede durar hasta cuatro meses. Sellar los libros de la compañía conlleva dos semanas más y, finalmente, la memoria de la sociedad debe ser publicada en el Diario da República. Joao Luis Martins, administrador del grupo J. Gomes, una de las empresas líder del sector inmobiliario luso, asegura que obtener estas licencias en Portugal «no es más lento ni más rápido que en Galicia, depende de lo bien que se mueva uno con las administraciones y del conocimiento que se tenga de quien hace los trámites».