SOFÍA VÁZQUEZ ANÁLISIS
12 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Las huelgas se convocan en los momentos que más presión se puede hacer, pero jamás ninguna reivindicación puede pasar por sustraer derechos ajenos. Niños tirados en los aeropuertos. Enfermos pendientes de recibir asistencia sanitaria no merecen, nunca, que sus penurias se vean empañadas por exigencias económicas de unos pocos. Hay turistas en el medio, ¿son los culpables? Éstos tampoco tienen que pagar los platos rotos de una negociación salarial. Las reivindicaciones pueden ser lógicas, pero la manera de exigir hay que medirla. La SEPI tuvo problemas para que los inversores en Bolsa compraran acciones de Iberia, la empresa funcionaba si unos pocos querían. Hoy Iberia es privada. Sigue en manos de unos pocos, que no debieran torpedear los derechos de muchos. La Bolsa valora actitudes y la empresa en los mercados pierde valor. ¿Cómo valorarán ahora el cierre patronal? Una medida así no se toma porque sí. Pero lo más importante es que la huelga de Iberia conlleva aparejadas pérdidas económicas en el sector del turismo en el que España y Galicia no pueden perder terreno. ¿Quién va a viajar a España si no sabe que día tiene vuelo de retorno o si va a quedar tirado en el aeropuerto? Nadie. El mundo tiene otros destinos turísticos y España puede perder puestos en el ránking. Si esos turistas comienzan a mirar hacia otros lados, ¿quién pagará entonces los platos rotos de las periódicas huelgas de pilotos en meses de verano?