SANTIAGO LAGO PEÑAS OPINIÓN
18 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Para que un proyecto empresarial funcione, ingresos y gastos deben estar más o menos equilibrados a largo plazo. Por consiguiente, cuando los costes suben, los precios deben hacerlo también. Pocos pondrán en duda esta teoría. El problema es determinar la proporción en que el encarecimiento del producto es justificable. Desde luego, no parece que las cuentan cuadren en el caso de Repsol. A pesar de la subida del precio del barril de petróleo y la depreciación del euro, la compañía tuvo en el 2000 un beneficio de 404.000 millones de pesetas, un 140% superior al de 1999. Dado que la petrolera ejerce una posición dominante en el mercado de distribución de combustibles y su pasado en manos públicas está bien reciente, ¿no deberían cortarse un poco?.