El día en que Ramilo dimitió

MANUEL V. SOLA VIGO

ECONOMÍA

El presidente de la patronal gallega había prometido dejar el cargo este año, pero el PP le negó el puesto de embajador al que aspiraba Antonio Ramilo planificó cuidadosamente su salida de la patronal gallega. Con sus empresas en bancarrota, puso a la venta su lujoso chalé de Cabo Estai, buscó sucesor y un puesto político que le mantuviera en el candelero. Quería vivir lejos de Galicia el escándalo financiero que estaba a punto de estallar en Santiago. El plan era perfecto. Antonio Ramilo dimitiría como presidente de la Confederación de Empresarios de Galicia (CEG) a principios de este año.

25 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

El congreso convocado designaría a su sucesor, que sería el encargado de tapar el agujero de 1.000 millones de pesetas sin provocar heridas. Ramilo abandonaría Galicia situándose en la Administración del PP en un puesto cómodo, que le permitiera permanecer en el candelero. Él prefería el de embajador. Ramilo rompe el acuerdo El plan se desmoronó como un castillo de naipes cuando Rajoy y Álvarez Cascos dieron largas y buenas palabras al puesto ambicionado por el ex-empresario vigués. Ramilo empezó a ver fantasmas en todo su entorno, no vio clara una sucesión consensuada y oyó como los empresarios más próximos le pedían que arreglase las cuentas antes de marcharse. Llegó a confesar a sus familiares y amigos que su deseo era irse a vivir a Madrid con su hijo pequeño, aun sin cargo público alguno. Pero no lo hizo. Aceptó el reto con el convencimiento de que si alguien puede arreglar el escándalo de la CEG es él mismo. Lleva ya ocho meses esperando el estallido y sólo le ha sorprendido la suavidad con la que está siendo tratado. Cuando un día antes del congreso de la CEG de este año Ramilo presentó su dimisión, ya lo hizo sabiendo que su principal adversario, Antonio Fontenla _presidente de la Confederación de Empresarios de A Coruña y el único que osó competir con él por la presidencia en 1991_, iba a ser quien le propusiera para la reelección. El nuevo pacto era simple. Ramilo depuraría responsabilidades y luego se iría. Dicho y hecho. Al día siguiente de dimitir, Fontenla propuso su reelección, que fue apoyada _como siempre desde 1992_ por todo el empresariado. Pero no todos estuvieron de acuerdo con el arreglo. Su equipo de gestión más próximo (secretario y tesorero) y los presidentes de Ourense, Francisco Rodríguez, y Pontevedra, Guillermo Alonso, se sintieron traicionados.