El pontevedrés Cándido Cortegoso Rey tiene 45 años y ya ha agotado los dos de prestación de paro. En la actualidad, percibe la ayuda familiar de 420 euros y en su casa del barrio de Monte Porreiro convive con su mujer y un hijo de 25 años, también desempleado. Este es uno de los cerca de 15.000 hogares que en la provincia tienen a todos los miembros de la familia en paro.
Cándido es fontanero y calefactor y durante años pudo mantenerse como autónomo, haciendo trabajos para empresas, pero la caída en picado del sector de la construcción, con el que más se movía, lo cambió todo.
«Tuve que quitarme de autónomo porque las obras empezaron a parar -indica- y me iba a la ruina pagando el seguro. La construcción movía todo últimamente y al cerrar las empresas...». En su situación actual está dispuesto a ir a trabajar adonde sea: «Ya estuve en San Sebastián y Madrid años, si es pagando, voy a onde me llamen, no hay problema. Como me salga algo, carretera».
Edad
Es consciente de que se está acercando al límite de edad que buscan los empresarios, «aunque parezco un chaval». «Ahora con 45 años aún te pueden llamar, pero con 48 o 50 ya no quieren a nadie», señala.
A lo largo de los casi veinticinco años que lleva trabajando en su sector nunca había estado durante tanto tiempo inactivo: «A lo mejor pasaba cuatro meses en el paro, y luego ya me llamaban, pero esta crisis es la peor, al cerrar la construcción nos cerró todo. Otras empresas que a lo mejor tenían quince empleados ahora solo tienen dos».