Cabalgatas reales a toda pastilla

La Voz LA VOZ | A ESTRADALALÍN

RODEIRO

M. S.

La llovizna aceleró el ritmo de los desfiles de los Reyes Magos por los municipios de Deza y Tabeirós-Montes En Lalín y A Estrada no hizo falta empujar para hartarse de caramelos

05 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

La lluvia no fue capaz de borrar ayer la ilusión de los rostros de centenares de niños que salieron a la calle para saludar a los Reyes Magos en los nueve municipios de las comarcas de Deza y Tabeirós-Montes. La inestabilidad meteorológica tampoco llegó a empañar las cabalgatas locales, aunque sí aceleró el ritmo de algunas por prevención de los organizadores, que no quisieron terminar la noche más mágica del año con un Baltasar desteñido y un montón de pastorcillos resfriados. En A Estrada, el público prestó más atención a la tormenta de caramelos patrocinados por A Estrada Dixital que a la lluvia. Hubo incluso quien puso el paraguas del revés para convertirlo en un improvisado y efectivo artilugio recoge-caramelos que «amortigua el golpe contra las aceras y previene pisotones», según explicó un usuario. Los gorros verdes que una empresa de telefonía repartió para promocionarse también acabaron convirtiéndose en útiles sacos para recolectar dulces. Sin embargo, ni en A Estrada ni en Lalín fueron necesarios empujones para hartarse de caramelos. La generosidad de los organizadores permitió este año llenarse los bolsillos sin demasiados esfuerzos. En el desfile de la capital dezana tampoco faltaron las fotos de los más pequeños con Sus Majestades ni la presencia de dos carteros reales motorizados que aseguraron la llegada de todas las cartas a los Reyes. En Silleda, Sus Majestades llegaron sobre carrozas con forma de mariposa y en Rodeiro cruzaron en piragua un lago repleto de globos. El público -con más niños que nunca y muchos mayores curiosos- siguió con interés el desembarco esperando un patinazo que acabase con Sus Majestades pasadas por agua, pero los Reyes supieron adaptarse al medio acuático, montar a caballo y llegar sin problemas al centro cultural. En Forcarei, la anécdota fue un pequeño que le pidió a Gaspar un millón de euros y en Cerdedo el belén, que tuvo que montarse en el lavadero para esquivar el aguacero. En Dozón, cada niño volvió a casa con una mochila del Concello y un buen botín de golosinas.