Crónica | Ruta de la pasión en Deza y Tabeirós-Montes Los fines de semana de madrugada las carreteras se pueblan de parejas en buscan de intimidad. Los herederos de la pasión en un Simca 1000 cambiaron de coche
25 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?i la primavera es la estación del amor, el verano lo es de la pasión. A la hora de buscar un escenario para encuentros amorosos al aire libre pocas cosas han cambiado en los últimos años. Los herederos de aquello del amor en un Simca 1000 o en el Seiscientos cuentan con vehículos más cómodos y más amplios, pero a la hora de perderse por ahí las parejas siguen buscando lugares solitarios y, a ser posible, con buenas vistas. Las más socorridas son las pistas forestales o las abiertas para las concentraciones parcelarias a los que se suman parajes emblemáticos como el monte Faro, en Rodeiro; o las orillas del río Ulla, en el área recreativa de Berres, en A Estrada. Otros prefieren la soledad de los polígonos industriales, de los alrededores de los depósitos del agua o hacerse arrumacos a la vera de algún aerogenerador. Y es que en cuestión de gustos no hay nada escrito. En Lalín los jardines del Auditorio continúan siendo un punto de encuentro de jóvenes parejas al igual que era ya el de sus padres. En Agolada era tradición llevarse al ligue a Os Pendellos. Las ventajas: un lugar céntrico y con poca luz. En los alrededores del campo da feira se pueden ver con frecuencia coches aparcados con parejas en busca de intimidad, al igual que en las inmediaciones de los polígonos de Silleda, de Botos o Lalín 2000. En ocasiones la disculpa es un lugar «turístico» y luego, ya se verá. Hubo quien ofreció un recorrido en coche por el monte Faro para disfrutar de unas vistas espectaculares y que encerraba alguna otra intención menos bucólica y más carnal y se encontró en medio de una marabunta de coches por elegir mal la fecha del paseo y coincidir con la romería del Faro. Siempre se puede invitar a la pareja a visitar la playa de Vilatuxe, la tumba celta que hay subiendo a Goiás, en Lalín, o castro Marcelín, en Agolada. Aunque este último enclave sólo es frecuentado en invierno, ya que en verano la zona se convierte en puesto de vigilancia de incendios. Disfrutar del amor en el interior de un coche continúa teniendo muchos adeptos; sino que se lo digan a los servicios de limpieza o a los agentes forestales que se encuentran numerosos restos de la práctica de sexo seguro en determinadas zonas de la comarca muy visitadas. Y en esto no hay edad. Del club forman parte por igual parejas jóvenes que no tienen vivienda propia o casados o casadas que tienen una aventura, o carteles en medio del monte que anuncian una supuesta zona gay. Los ríos continúan despertando gran poder de atracción. Los años pasan, pero los lugares elegidos por las parejas son casi siempre los mismos. Los amantes continúan disfrutando del amor en A Carixa, bajo el puente Eiriz, al lado del tanque del agua, en el zona del depósito de Areosa, en Rodeiro; en los aledaños del puente colgante entre Couso, en A Estrada, y Teo y, en general, en las áreas fluviales y recreativas. Hay quien por buscar intimidad lo único que le preocupa aparcar en el lugar más recóndito posible. Las pistas muertas como una que hay entre Carbia y A Magdalena, en Cruces o los tramos de carreteras viejas que quedan sin uso, son otra de las opciones. Hay incluso quien juega al despiste y elige algún lugar próximo a algún basurero y se ve interrumpido por algún coche de empleados municipales o de la limpieza. Y aunque lo de los coches tiene su romanticismo, a la larga resulta incómodo. Hay quien critica la falta de moteles en la zona, una ausencia que algunos hoteles intentan suplir ofreciendo la posibilidad de disfrutar de una habitación por unas horas. Aunque en esto hay tantos lugares como encuentros.