«Me gustaba mucho bailar y se me daba bien pero ahora eso ya se acabó»

Rocío Perez Ramos
ROcío Ramos LALÍN / LA VOZ

LALÍN

Adrián Freiría

Carmiña Álvarez lee La Voz a diario y el domingo festejará su centenario

13 jul 2023 . Actualizado a las 22:08 h.

A Carmiña Álvarez Alonso le gusta mucho la lectura y todas las mañanas lee La Voz de Galicia. Reside en la parroquia lalinense de Cercio con parte de su familia política, y el domingo, día de su santo, celebrará sus 100 años. Cuenta que «lo que más me gusta son las noticias de Galicia porque son las que más importan, pero ya que lo tengo en la mano pico un poco de todo. Otra cosa es retener el contenido», añade riendo. Pili Blanco Fuentes, con la que vive, le corrige y asegura que «ela lee pola mañá e logo vainos contando as noticias con datas e todo porque ten unha memoria impresionante».

Tía política de Manuel Blanco Carballude, vive desde hace 12 años con la familia de este en Cercio, pero a lo largo de su vida tanto ella como su marido, ya fallecido, frecuentaban la parroquia lalinense a menudo. Y fue aquí donde quiso ser enterrado su esposo. Carmiña nació en Balmonde, en la localidad asturiana de Castropol, «pero hice mucha vida por Galicia». Se casó en Betanzos con Amable, que fue guardia civil. «Ahora son todos unos señoritos pero antes él pasó muchas noches fuera de casa durmiendo encima de una piedra», relata. La pareja no tuvo hijos, pero sí una gran cantidad de sobrinos, muchos de los cuales se desplazarán el domingo desde diferentes partes de Asturias y de A Coruña. En casa de Carmiña fueron once hermanos y de ahí que explique que «tengo que echar cuentas e irlos contando porque son muchos». Aún vive uno de sus hermanos menores, Balbino de 94 años, que reside en la parroquia de Meredo, en Vegadeo. Estos días aún habló con él porque está algo delicado y no podrá desplazarse a la fiesta.

De su juventud comenta que «me gustaba mucho bailar y se me daba bien. Cantar no porque se me daba muy mal», apostilla. A su marido Amable, explica, «también le gustaba bailar, pero bailaba tan mal que yo siempre lo llevaba para el centro del salón para que no nos viesen. Él tiraba para un lado y yo para el centro para esconderlo», bromea. Las verbenas, puntualiza, «eran siempre de día. Comíamos rápidamente e íbamos. No como ahora que la gente pasa la noche fuera». Carmiña mantiene intacto su sentido del humor, su amor por la lectura y su coquetería que ella corrige asegurando que «no es que sea presumida, es que siempre me gustó ir arregladita porque me veía bien así».

Al preguntarle si tuvo muchos pretendientes de joven cuenta que «algunos tuve, que dicen que nunca falta un roto para un descosido». A su marido Amable lo eligió porque «era muy buena persona y hacía honor a su nombre» pero unas preguntas más tarde reconoce que «era un tipazo. Muy alto y muy guapo».

En la casa de Carmiña siempre tuvieron sitio sus múltiples sobrinos, muchos de los cuales pasaban las vacaciones con la pareja y ella los atendió a todos. Hasta hace poco hacía sopas de letras y comenta que «de salud estoy bien. Por la mañana leo y por la tarde ando distraída por fuera». Fue «bordadora artesana a máquina» y «bordaba todo lo que se ponía por delante. Es un trabajo bastante delicado y para deshacerlo es difícil». Siempre fue muy perfeccionista con sus labores tanto con el bordado de sábanas, manteles o jubones para bebés, y además de bordar, ganchilló mucho. «Yo me ponía a bordar y era muy feliz», asegura.

Nació un 18 de julio y por la cercanía con la festividad del Carmen, le pusieron ese nombre. Para su cumpleaños no quiere otra cosa que «disfrutar de la familia y de la compañía de todos». El domingo irán a comer a Casa Pablo en A Goleta donde le espera alguna sorpresa. Y es que la ocasión lo merece. «Ahora _ dice_ lo de bailar se acabó», pero sigue disfrutando de la música. Le deseamos que pueda celebrar muchos más cumpleaños «e que nós podamos seguir disfrutando moito dela», apostilla Pili.