La obra de Laxeiro toma vida en Lalín

Luchi Iglesias moldea cuatro cabezudos y un caballero inspirados en el cuadro A familia da Romea, que buscan convertirse en un icono de la villa


lalín / la voz

Luis Iglesias, Luchi, intensifica esta temporada un proyecto artístico pensado hace ya unos años y que por fin se hace realidad: dar vida a los personajes del cuadro de Laxeiro A familia da Romea, en forma de cuatro cabezudos y un caballero que buscan convertirse en una referencia reconocible de Lalín, como lo son el propio artista o el cocido. «Laxeiro era amigo de meu pai, sempre o tiven moi cerca. Cando empecei cos títeres, cos cabezudos e con este mundo, vin nel ese toque fantástico, de fabulador, e vin que esas figuras de moitos dos seus cadros eran perfectos cabezudos».

Fue el germen de un proyecto aprobado por el Concello de Lalín para hacer realidad esas figuras de un cuadro que Luchi considera «unha pasada, é unha entroidada pura e dura. A Romea, en Botos, é ese mundo ensoñado de Laxeiro, que lle dá a ese espazo físico existente un carácter máxico» y que refleja la vinculación de Lalín con toda su obra, en la que Iglesias observa «a pegada da súa infancia e adolescencia. Todo ese mundo rural, moitas veces grotesco e oscuro, está moi vinculado a Lalín».

El artista plasmará ese espíritu en los cabezudos en que trabaja, retomando una tradición que impulsó Viravolta en los primeros años 80: «Eu creo que poden ser uns iconos representativos de festividades de Lalín como o Cocido, o Entroido, as festas das Dores, acontecementos lúdicos onde penso que atoparán moi boa acollida». Luchi Iglesias trabaja ahora en dos cabezudos clásicos ?«dos que se mete a cabeza e deixan libres mans e pes»? y será turno luego para dos cabezudos enanos, «que tapan todo o corpo ata os xeonllos e só permiten mover os pes. Teñen un camiñar e un bailar moi simpático». La quinta figura será un caballero, que irá cubierto con una máscara del tipo comedia del arte y tendrá el don de la palabra, como marca la tradición.

«Van facer un conxunto heterodoxo. Gustaríame que os movan xente que sepa bailar, e que vaian acompañados dun grupo de gaitas que fagan as músicas. É moi importante que teñan graza movéndose», expresa Luchi Iglesias. El reto es que los cabezudos de Laxeiro puedan estrenarse en esa atípica Feira do Cocido del 16 de mayo, si la pandemia lo permite. Por eso la próxima semana empezará a trabajar ya con una modista para confeccionar el vestuario, otra parte fundamental de la obra. Intentarán ser fieles al espíritu del cuadro.

Un proceso muy complejo

En el taller de Luchi queda aún mucho trabajo, porque la realización de un cabezudo es una tarea compleja: «Trala idea fago os debuxos, logo o modelado da peza a pequena escala, para facerme unha idea tamén de como quedará o traxe. E despois fago o cabezudo en barro, co que logo preparo uns moldes de escaiola que logo vou enchendo con cartón e cola, dando capas ata que queda medio centímetro de espesor». Es momento entonces de retirarlo, dejar secar, pegarlo y tras una última capa de papel, empezar a pintarlo. Pero para preparar ese cartón-piedra final, el titiritero y escultor de Lalín se ha encontrado una dificultad añadida: el cartón fallero que empleaba como base ha desaparecido, al cerrar las fábricas valencianas después de que el poliestireno lo haya desplazado como materia prima de los ninots.

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