Cuando el balonmano corre por las venas

Budi confía en lograr la financiación que permita saltar de categoría y sueña lograrlo con las chicas


Lalín / La Voz

A los catorce años el fútbol parecía un camino errado y un grupo de amigos probaba en el baloncesto sin mucho éxito. «Eramos uns prendas e acabamos xogando ao balonmán», explica José Luis Pedreira Budi. Terminó enganchado al BM Lalín, donde más de siete lustros después ejerce de entrenador y directivo, tras una dilatada trayectoria como jugador. Un «veneno familiar», con sus tres hijos militando ahora en el club, su padre en su momento directivo, su hermano fue portero y otras personas del entorno también vinculadas a la entidad rojinegra, que logró ascender a División de Honor Plata tras suspenderse la competición por el coronavirus cuando lideraban su grupo en Primera Nacional.

Corría 1984 cuando el Balonmán Lalín, nacido en 1952 y considerado uno de los grandes clubes de cantera no solo gallegos sino del ámbito nacional, intentó dar un salto de calidad. Ficharon como técnico a Ángel Madaleno y se buscó ya desde juveniles impulsar este deporte, tras «torneos que xogabas aquí en Lalín e algún partido que ías fóra». Budi arrancó tarde en este deporte, ya como cadete.

La presencia por aquel entonces de su primo Manolo Pedreira en el Teucro, del que eran socios, ir a ver partidos a Pontevedra o la llegada de Geni al club lalinense, generó la idea de impulsar la base lalinense en aquellos 80. Pero el equipo sénior todavía vivió durante algunos años a base de fichajes, incluso extranjeros. Budi, que ha jugado toda su vida en el BM Lalín ocupando puestos de central sobre todo, aunque en ocasiones lo ha hecho de lateral derecho e incluso pivote, saltó al sénior con dieciocho. Militaban en la Primera División, similar a la actual, pero se jugaba en un arco geográfico más amplio, incluso llegando en ocasiones a Canarias.

Dice echar de menos aquellos viajes, por las vivencias «ao ser un grupo de moi bos amigos». Ahora mantienen varios esos lazos en la propia directiva rojinegra. Su trayectoria como jugador concluía en la temporada 2002-2003, coincidiendo con las bodas de oro del club y tras haber disputado varias fases de ascenso, aunque había estado casi una campaña sin jugar una lesión y ya incorporándose a la directiva.

«O balonmán cambiou moito, o ritmo era moi distinto antes; nunca fun lento e xogaba en ataque e en defensa», explica Budi, mientras en la actualidad hay más rotación con jugadores más especialistas atrás y otros ante la portería contraria. Afirma que los arbitrajes o los sistemas de juego en categorías como la Primera División cambiaron, buscándose más el ataque, aunque a él le gusta la defensa. Al dejar la cancha como jugador comenzó ya de inmediato su labor como entrenador «co grupo no que estaba Pablo Cacheda (actual técnico del primer equipo)», pero decidió frenar un poco para obtener el título nacional y quedarse solo con los más pequeños, entre ellos sus hijos Román y José.

Con Milucho al frente del primer equipo, Budi comenzó a entrenar al segundo y a infantiles, entre otros. Al dejarlo el técnico pontevedrés, estuvo año y medio con los mayores recién obtenido el título nacional de técnico. Desde entonces ha pasado por todas las categorías, con un subcampeonato de España con los cadetes. «Onde máis cómodo estou é cos nenos pola miña forma de ser e a formación que teño ou que non teño», resalta. «No equipo sénior eres máis un psicólogo e repartidor de minutos», comenta. Además con el hándicap de que casi todos ya los había entrenado o eran familiares o amigos de jugar, lo que dificulta separar sentimientos y mando.

Orgulloso de la progresión en estas últimas décadas del BM Lalín, ahora el salto definitivo será lograr financiación que les permita aceptar la plaza lograda en División de Honor B y asentarse en la categoría. El club quiere, la afición también, pero de 130.000 se pasa a un presupuesto que rondaría los 200.000 euros. Una cifra importante por las dificultades derivadas de la pandemia. La liga supone al menos quince desplazamientos, cinco a Cataluña y también a Ibiza. Además de que se buscaría algún incentivo para los jugadores por su esfuerzo de ocupar todos sus fines de semana, aunque para algunos «o balonmán é unha vía de escape dos seus traballos e para nós era o primeiro, non había Internet, e pola sorte de estar cos teus amigos e viaxar moitas horas xuntos en autobús».

El balonmano femenino está creciendo y ahora la espina pasa por pelear también el ascenso a la Plata, tras haber quedado clasificadas este año para el sector gallego y clasificarse para el Campeonato de España para subir, donde milita su hija Celia. Confía en que además reciban más respaldo de la afición.

Todo ello en un club forjador de jugadores relevantes, con Xoán Ledo como el actual estandarte en Asobal, a la que acaba de regresar Daniel Ramos con el Cisne y por la que pasaron otros muchos como Ignacio Chamorro, Geni, Manolo Pedreira y su hijo Borja, Porto, Pablo Cacheda ...

Puesto en la disyuntiva de elegir a un entrenador, por época y plantel cita a Javier Barrios con el ascenso a Plata, o con el ruso Yuri. Entrenaban a las 7.00, 13.00 y 21.00 horas tres días a la semana. Y jugadores admirados, Manolo Pedreira cuando él comenzaba y Vujovic, o Juanín y Entrerríos, contra los que compitió; o Antonio García o Cañellas, en una fase disputada en Pamplona.

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