Olga Mato está al frente de un establecimiento abierto por su padre en 1959 como complemento a la droguería que había establecido en 1945: ambos siguen siendo una referencia en la capital dezana
06 dic 2019 . Actualizado a las 05:00 h.La cita con Olga Mato es a las 16.30 horas: «Así está también mi hermano Bernardo ?quien regenta una administración de lotería anexa?, que controla más todas las fechas», señala. Entramos puntuales a un bazar que en su configuración nos traslada a mediados del siglo pasado: madera de calidad en unos cajones y estanterías hechos para durar toda una vida, como lo están haciendo. Olga departe con un viajante, haciendo un pedido. Sin buscar la indiscreción, es imposible no escuchar una conversación en la que queda claro que ella sabe de las necesidades y la calidad de los productos que buscan sus clientes. Y que conoce, por propia experiencia, las virtudes de la mercancía que quiere comprar y los defectos de la que rechaza. Esa calidad, y el trato personal con una clientela fiel, explica que 60 años después el bazar Mato de la calle Principal siga siendo una referencia en Lalín, como lo es la tienda del mismo nombre de la calle Colón, que regenta su hermano José Ángel.
«Mi padre, Antonio Mato Blanco, abrió la droguería en Colón en 1945 [pero el edificio se rehizo después] y 14 años después abrió esta, con idea de trasladar aquí la droguería y montar allí un bazar, que finalmente fue lo que se dejó aquí», señala Olga. «Era un bazar, con artículos de regalo. Y en 1965 empezamos a vender juguetes, que antiguamente se vendían en las tiendas de tejidos», tercia Bernardo.
En fechas próximas a Navidad, empiezan entre ambos a desgranar las marcas que se vendían a mediados de aquella década: y van saliendo todas las grandes jugueteras españolas que hoy son historia. Rico, Payá, Gozán, Feber, Joal «que hacían escopetas y pistolas, y después excavadoras y maquinaria». Olga se arranca con la familia Famosa: «Estaban Dulcito y Dulcita, mucho antes de los Nenuco; Gisela, que hablaba y andaba; y la Nancy con su hermana Lesly, que mucha gente no se acuerda de ella, con su cama, su armario y sus accesorios». Bernardo destaca los Ibertren, Scalextric, Exin Castillos, Cinexin, Madelman y Geyperman.
La época de los juguetes
Eran años en que los juguetes tenían fecha fija de (súper)venta: del 1 al 6 de enero. «En esos días abrías de la mañana a la noche, muchas veces hasta las 2 de la madrugada. Y el día 3, que es feria en Lalín, no se cerraba para comer», explica Olga. Apostilla su hermano que el 6 de enero a él le tocaba guardia como mecánico de todos los clientes que venían ya a cambiar las pilas o a reparar los juguetes para evitar la desilusión de los niños: «La atención era personalizada, si fallaba un juguete y tenías otro ya se lo cambiabas», dice Bernardo.
Eran fechas en las que vendían también muchos artículos de piel de Ubrique ?joyeros, cajas de juegos, tabaqueras?: «En Reyes era una maravilla, ojalá hoy fuera así. No había registradoras entonces, pero eran cinco días en que se vaciaba el cajón», rememora Olga. Unas fechas que compensaban otras temporadas en que eran los días de feria ?3 y 18? los que aguantaban las ventas.
El bazar Mato despachaba además muchas maletas, en tiempos de emigración, bolsos y regalos de boda: de vajillas a cuberterías y cristalerías. También, en las primeras misas. se vendían artículos para las casas parroquiales que iban a ocupar los nuevos sacerdotes que las oficiaban.
Artículos religiosos y menaje
El bazar Mato de la calle Principal sigue vendiendo en la actualidad muchas imágenes de santos y artículos religiosos; también recuerdos, pero ya con menos salida; pequeño juguete y menaje de hogar, y conservan artículos que Olga y Bernardo saben que son ya de difícil venta, porque la sociedad ha cambiado: «Aún tenemos cristalerías de 61 piezas, y vajillas de 56. Pero ahora se venden de 6 o de 12 piezas. Las grandes ya no las hay en ningún sitio, porque no hay bazares», explican. Lo saben ellos, y se lo corroboran los viajantes, que cada vez tienen menos establecimientos que visitar. Y los hermanos Mato, la segunda generación del negocio, tampoco se muestran convencidos de tener relevo en el futuro. Se irán, en tiempos de globalización, quienes saben que la calidad de la marca España se lograba, en buena medida, fabricando los productos en el territorio nacional: artículos hechos para durar como las estanterías del bazar, casi inconcebibles en estos tiempos del usar y tirar.