Manuel Salgado, toda una vida dedicada a los demás desde la humildad

El obispo de Lugo presidirá la misa de funeral que tendrá lugar hoy a las 16.30 horas en la iglesia de As Dores


Lalín / la Voz

Lalín se despertó ayer con la triste noticia del fallecimiento de monseñor Manuel Salgado Silva, párroco emérito de Lalín. Nacido el 1 de enero de 1933 en Ponte Arcediago, en el municipio coruñés de Santiso, la mayor parte de su vida estuvo dedicada a Lalín y a sus vecinos, desarrollando una gran labor pastoral, social y de servicio.

Hace poco más de un año, tras el anuncio de su jubilación por parte del Obispado, don Manuel, como era conocido por todos sus feligreses, hacía balance y destacaba de sus años en la parroquia la creación del equipo de matrimonio, el grupo de adoración, la llegada en su día de las Hermanas de la Fraternidad Reparadora y la instalación de Radio María. Una emisora, que señalaba con orgullo, fue la segunda antena para oírla que se puso en Galicia.

Don Manuel era poco amigo de micrófonos y de cámaras, pero de su callada labor saben mucho los cientos de personas a los que ayudó a lo largo de todos estos años. Familias a las que les pagaba los libros de sus hijos, niños y adolescentes a los que sufragó los estudios, personas a las que buscó trabajo y muchos otros que acudían a su casa o a la sacristía a diario y que no se iban con las manos vacías, sin importar credo o condición. A él, que vivía con absoluta humildad, le dolían las necesidades ajenas y dedicó toda su vida a ayudar. De su gran capacidad de trabajo saben todos los que lo trataron y más de uno apuntaba que a don Manuel no se le escapaba nada y siempre quería estar al tanto de todo.

Ordenación

Se ordenó sacerdote el 18 de diciembre de 1955. Ejerció en Atán, Ribadulla y Visantoña y en 1966 fue nombrado párroco de Botos. Fue también Arcipreste de Deza desde 1970 y participó en varias de las sesiones del Concilio Pastoral Galego en 1975 y 1976. Ejerció la docencia como profesor en el instituto de Enseñanza Media de Lalín y en 1989 fue nombrado párroco de As Dores, Donramiro y Donsión. Dejó estas dos últimas parroquias en el 2014 y la de Lalín el pasado año.

El 18 de noviembre del 2010 fue investido por el obispo de Lugo como Prelado de Honor después de que en septiembre de ese año fuera nombrado por el Papa Benedicto XVI. Un título otorgado directamente por el Papa a sacerdotes de cualquier parte del mundo en reconocimiento a su labor y que lleva parejo el título de monseñor. Manuel Salgado presidió en el 2017 las fiestas del Sagrado Corazón y ese mismo año en las de As Dores recibió un homenaje de sus feligreses.

Además de su gran labor, Manuel Salgado supo cultivar también las vocaciones. Marcos, Carlos, Alberto, Adrio o Nicolás fueron algunos de sus discípulos. Marcos Torres, que le relevó al frente de la parroquia lalinense, se mostraba ayer consternado por la muerte de su maestro y «agradecido pola súa persoa e pola gran pisada que deixou», señalando que «procuraremos gardar a súa memoria», a la vez que subrayaba «a súa vida de igrexa que continúa na terra». Ayer la parroquia se unía en As Dores para orar en una vigilia por el que fue su párroco durante décadas.

Sus restos mortales están siendo velados en la rectoral lalinense, ubicada en la rúa Z, por deseo de la familia, que rechazó la propuesta de ubicarla en la iglesia.

El obispo de Lugo, Alfonso Carrasco Rouco, presidirá su funeral mañana lunes, a las 16.30 horas, en la iglesia de As Dores desde donde partirá la comitiva hasta el cementerio parroquial de Rairiz, donde será enterrado. El viernes el obispo visitó a Manuel Salgado en la clínica Modelo de A Coruña donde se encontraba ingresado a causa de una dolencia cardíaca. Falleció horas después, a las 4.00 horas de ayer.

Tras conocerse la noticia el alcalde de Lalín, Rafael Cuíña, destacaba la pérdida «de alguén importante na historia de Lalín» expresando como vecino su admiración «polo seu traballo pastoral» esperando que «estea xa no ceo». El exregidor y portavoz del PP, José Crespo, trasladaba sus condolencias a la familia y amigos y apuntaba que fue «unha persoa que sempre destacou pola entrega aos veciños e pola súa preocupación por Lalín», apuntando su «agradecemento pola súa inestimable colaboración con todo o que significaba axudar ao pobo». El regidor se puso a disposición de la parroquia lalinense para lo que fuese necesario y lo mismo hizo Crespo. Cuíña ponía también a disposición los medios del Concello que fuesen necesarios para la celebración de las exequias.

Desarrolló una importante y callada labor social y pastoral a lo largo de varias décadas

El cultivo de las vocaciones convirtieron a Lalín en cuna de sacerdotes

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